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Lo más claro parece ser el desconocimiento generalizado del fondo del problema del gas, que esperamos no se extienda a la Asamblea Legislativa que debate en estos momentos un proyecto de ley al respecto


Incertidumbre en el tema del gas

Luego de los sucesos ocurridos como consecuencia de la forma en que se maneja el servicio de gas licuado en el país, tenemos una seria preocupación porque no vemos aún una propuesta de solución que verdaderamente le ofrezca seguridad al consumidor.
Por el momento lo más claro parece ser el desconocimiento generalizado del fondo del problema, que esperamos no se extienda a la Asamblea Legislativa que debate en estos momentos un proyecto de ley al respecto.
Debe existir no solo una ley en el país que regule la forma en que deben operar las empresas que distribuyen y comercializan gas licuado mediante concesiones, sino un tipo de regulaciones que permitan, mediante controles estrictos de la cadena, asegurar en todo momento quién es el responsable de todos los elementos y manejos que intervienen en la comercialización de este producto.
Otros países de Latinoamérica cuentan con más experiencia que la nuestra y es no solo recomendable sino indispensable que veamos cuál ha sido el camino recorrido por ellos porque teniendo la posibilidad de aprender de errores ajenos ya solucionados no nos podemos dar el lujo de cometerlos nosotros.
Es probable y lamentable que la mayoría de la población, no solo la que utiliza en sus casas el gas para cocinar, o visita lugares donde se usa este, desconozca a fondo el problema que en estos días ha provocado lamentables accidentes, con pérdidas de vidas humanas.
Es incomprensible que hayan pasado ya varios años en que las instituciones del Estado a cargo del otorgamiento de concesiones para comercialización del gas y de la supervisión de estas operaciones no lo estén haciendo como corresponde y que incluso acepten que no cuentan con el personal necesario para estas tareas.
Si esa es la realidad… ¿por qué no se han tomado medidas para solucionarla? Es hasta cansino volver siempre sobre lo mismo pero la población costarricense ha llegado al límite de posibilidades de seguir sosteniendo un aparato estatal inoperante que se da el lujo de admitirlo sin tomar medidas correctivas.
Un día mueren personas porque colapsa un puente, otro día porque explotan balones de gas, otro porque ocurre un derrumbe en una carretera. No son totalmente imprevisibles esos accidentes que enlutan a las familias costarricenses. Son situaciones evitables en su mayoría si se cuenta con un Estado ágil, previsor, responsable, que supervisa.
Son previsibles si en vez de actitud laxa de posposición de todo lo que pueda posponerse se enfrentan los problemas y se resuelven con transparencia rindiendo cuentas a la población.

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