Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 16 Septiembre, 2008

Hasta aquí

Pedro Oller

Fui de los últimos en tirar la toalla con el presente gobierno. Pero no hay peor ciego que quien no quiere ver.
Claro como el agua que lo oficial dista transparentemente de lo real. Sobre todo con un gobierno que no ha sido claro, mucho menos diáfano y que ha jugado con la buena voluntad de este pueblo. Aunque la presente administración diga estar lista para el segundo tiempo, me sumo a quienes desde los administrados no estamos para discursos.
Don Oscar ganó sobre la base, primero, de que era un ex presidente altamente valorado y querido por un pueblo noble. Segundo, pensando que después del desastre de la anterior administración, y en medio de las acusaciones sensacionalistas de corrupción, tendríamos en quien creer. Ni uno ni otro, el castillo de naipes se ha ido cayendo sin reparo y desde nuestra óptica, el país ha empezado a sufrir nuevamente una abierta crisis de credibilidad sumada al hecho de un gobierno monotemático que sigue sin proponer, sin ofrecer y sin ver para adelante.
Me golpean, y creo que igualmente a muchos, los titulares de los últimos días. Nos duelen más las evidencias de falsedades y manipuleos impropios de quienes se presentaron para limpiarnos la cara. Pero hay una cosa que todavía me duele y me preocupa sobremanera: Recordar la ausencia de un presidente que no se siente aquí, sino que se debe a cuál sabe qué foránea motivación.
Mientras muchos pasan necesidades, este Gobierno guarda la plata. Mientras algunos exigen respuestas, este Gobierno guarda propuestas. Mientras algunos esperamos caminar, este Gobierno decide mantenerse al margen. Se ha optado por aguantar el paso inexorable del tiempo que trasladará los problemas, las mismos desde que don Oscar fue presidente por primera vez, al que lo sustituya. Y mientras tanto, escapar porque a la distancia las presiones no son urgentes.
Carecemos, salvo por la prensa, de los mecanismos para exigir cuentas. Lo dice la Contraloría que tiene la obligación de pedir una rendición clara, inequívoca y comprometida de labores. Y está golpeando la puerta.
No andamos bien. El experimento que impulsó don Oscar para reelegirse no ha dado los frutos que esperábamos hace dos años y nos sentimos todos burlados. Nos fallaron, no solo desde gobierno, sino también la Sala Constitucional y el ordenamiento jurídico que complaciente permitió una candidatura. Quienes arguyeron certidumbre hoy, deben reconocerse perdedores.
Puede resultar prematuro, pero no lo creo. Basta ver la cara de satisfacción y entusiasmo con que el señor Presidente se ha enseñado en los goces de Europa mientras aquí guarda un silencio enfermo. Yo diría que merecemos más, pero no más de lo mismo sino más para volver a creer en este país que tiene todas las condiciones, incluyendo un pueblo que no ha desmayado en empujarlo, para salir del hueco al que nos condenan unos pocos.
¿Volver a creer? Quién sabe. Pero sí, volver a tenernos fe y a sacar adelante la tarea a pesar de los políticos. En eso no claudicamos y nos debemos.