Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 18 Julio, 2011


Hágale honor a su nombre


Todos los nombres propios tienen su significado. En algunos casos este no es evidente. Unos ejemplos: Felipe es el amigo de los caballos, Manuela dice que Dios está con nosotros, Alonso está ansioso para la batalla, Matías es el regalo de Dios y Laura está coronada de laureles.
En otros casos el nombre lo dice todo: Fe, Esperanza, Caridad, Angustias, Estrella, Sol, Clemencia.
Recuerdo una simpática anécdota del querido periodista Enrique Mora: a una señora llamada Blanca Bustos le había puesto el sobrenombre de Ironía, debido a que era morena y no destacaba por su delantera.
Y es que muchas veces nuestros nombres no reflejan lo que en realidad somos. En un texto teatral bauticé a mis personajes como Dolores, Ángel, Soledad y Prudencia, cuando en realidad poco tenían en común con el claro significado de sus apelativos. De hecho la señora mayor, que siempre decía lo que pensaba sin pensar en lo que decía, se repetía a sí misma: “Hacele honor a tu nombre, Prudencia.”
Justo es uno de esos nombres que tiene un significado transparente: el que obra con equidad. Sin embargo don Justo Orozco no parece hacerle honor a su nombre, aunque siempre enarbole la bandera de la justicia para explicar sus desatinos.
Fueron sus propios partidarios quienes más lo criticaron cuando a pocos días de asumir su curul, el diputado de Renovación Democrática justificó lo injustificable: un aumento de casi el 100% en los salarios de los recién llegados a Cuesta de Moras. Incluso “se dejó decir” que necesitaba “comprarse ropita nueva”.
En una carta dirigida al señor Orozco, don Carlos Alberto Víquez Arauz, ex candidato a la vicepresidencia por ese partido, le recordó que durante la campaña electoral habían insistido en que querían “llegar al Poder a servir y no a servirnos”.
Don Justo fue el único de los cinco diputados que, luego que la Sala Cuarta rechazó el recurso de amparo con el cual pretendían aumentar su pensión de educadores, aseguró que insistiría en la pelea para agrandar su jubilación porque era su derecho.
La semana pasada, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) denunció ante la fiscalía al diputado Orozco por cometer, supuestamente, tres delitos de falsificación en el cobro de la deuda política. Dieciséis ex fiscales de mesa del Partido Renovación Democrática que ejercieron en Puntarenas aseguran que las firmas que aparecen en los recibos de pago enviados al TSE, son falsas.
La justicia enfrentará a don Justo y determinará si lo acontecido es ilegal o no.
Pero lo injusto de las declaraciones de don Justo ante los hechos no tiene perdón de Dios. El señor Orozco afirmó que “metimos alguna gente que no es creyente, puede ser que por ahí ande el asunto”, dando por sentado que quienes no profesan su misma religión, o ninguna, pueden ser delincuentes.
Don Justo, hágale honor a su nombre, no nos permita caer en la tentación de afirmar, como en la ingeniosa canción de León Gieco “Ojo con los Orozco”, “nosotros no somos como los Orozco, yo los conozco…”.

Claudia Barrionuevo
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