Pedro Oller

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Martes 20 Mayo, 2008

Hacerse el ruso

Pedro Oller

He optado por dejar los temas de política internacional para los conocedores y, en estas páginas, hay varios. No obstante, tuve oportunidad de ver la transmisión del traspaso de poderes en Rusia el 7 de mayo anterior. La curiosidad mató al gato y como por la boca muere el pez, no resisto la tentación de hacer algunos apuntes.
Rusia es, hoy en día, uno de los cinco miembros permanentes que integran el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En 2007 su economía creció a un ritmo acelerado, el 7% con respecto a 2006. The Economist la cataloga como una de las potencias económicas más fuertes del nuevo siglo.
Y, sin embargo, el traspaso tomó poco más de 20 minutos. Fue una ceremonia solemne, llena de pompa como suelen describir los ingleses estos eventos. Más los discursos fueron breves y al punto, la organización extraordinaria y el acto, parco pero elegante.
Putin, como era de esperar, se hizo el ruso al resumir su gestión. Aseguró haber completado el cambio, que como en su discurso en general, no concretó. A manera de ejemplo, dijo estar convencido que el estado puede estar orientado, verdaderamente, a lo social y al mismo tiempo ser moderno, innovador y capaz de fortalecer su influencia y papel en el mundo solo si mantiene constantemente como prioridad el bienestar de su pueblo y el desarrollo potencial de todos y cada uno de sus ciudadanos.
Medyedeved, no tanto. Asumió un compromiso fundamental con el estado de derecho y su modernización. “Un sistema legal maduro y efectivo es una condición esencial para el desarrollo económico y social, apoyando al empresariado y luchando contra la corrupción”. También con la seguridad, al afirmar que “la supremacía real de la ley es solo posible cuando la gente se siente segura en sus vidas. Haré todo lo que pueda para garantizar que la seguridad de nuestros ciudadanos no se encuentre prevista solamente en la ley sino que sea verdaderamente garantizada por el estado”.
Como la proximidad con nuestro 8 de mayo no deja de provocarme, me pregunto ¿cuándo habremos de tener una ceremonia sencilla y concreta para quien resulta ungido en las elecciones de febrero? Posiblemente nunca. Lo que me provoca entonces, una pregunta de rebote: ¿nos estaremos haciendo los rusos con este maltrecho estado de derecho y la creciente inseguridad que vive nuestro país, en medio de tanta verborrea que nada resuelve? Do svidanya.