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Guía irreverente del maridaje

Siguiendo con la línea de la columna pasada, aterrizamos con el asunto del maridaje.
Sí existen razones que indican que viene de zonas gastronómicas que producen tanto bebidas como platos, que se encontraron como producto prácticamente natural y lógico de combinar y esos principios se extendieron por el mundo contemporáneo hasta llegar a Costa Rica, desde luego.
El conocimiento nos permite retar y romper también con los excesos, en este caso de dogmáticos, que andan por ahí imponiendo fórmulas a quienes nada o poco pueden sentir, pero se llevan el discurso para reproducirlo a otras audiencias fácilmente impresionables.
Las siguientes las llamo reglas irreverentes del maridaje para traer un poco de cordura.
1. Nadie me puede decir que lo que siente en su paladar también debo obligatoriamente sentirlo yo.
2. Debo decir sin pena alguna cuando no siento lo que la persona que está dirigiendo la sesión siente.
3. Debo decir qué es lo que me recuerda exactamente aunque suene “polo”, ya sea nance, o el armario de mi abuela en lugar de “roble francés” o grosellas o casis.
4. Experimente con varias bebidas contrastantes (del mismo tipo pero diferente grado de complejidad) a la vez, hasta cuatro, recomiendo combinarla con el mismo plato y no una sola bebida con ese plato.
5 Analice su paladar en función de su capacidad no la capacidad de otros.
5. Desde luego escuche y escuche las reglas que le sugieren para romperlas y ver lo que pasa… y si le funciona sígalas pero no las tome como santa palabra, experimente para entender, y llegue a sus conclusiones.
Sobre todo disfrute, diviértase y no convierta ese placer en motivo para aparecer como iluminado frente a otros pues puede hacer el ridículo o quitarle el impulso del disfrute de la vida por dogmatizar a la gastronomía.
Es el momento de la liberación del gusto.
Buen provecho y hasta la semana entrante.

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