Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 31 Julio, 2009


Guanacaste: entre celebraciones y protestas


Una vez más se ha celebrado la efemérides histórica de la adhesión libre y soberana del Partido de Nicoya al resto del país, lo cual constituye un acto ejemplar en nuestra historia. Apenas a pocos años de nuestra Independencia, el que se diera la incorporación de ese bello y rico territorio a Costa Rica, no mediante una sangrienta guerra, sino producto de una consulta directa a la gente, es un gesto que denota el talante pacífico y democrático de ambos pueblos.
Pero la pasada conmemoración de esta efemérides no pasará a la historia por su ambiente festivo, a pesar del proverbial carácter alegre del guanacasteco, sino por la masiva y firme protesta de sus pobladores. Y no es para menos. Guanacaste es actualmente tierra de grandes y dolorosos contrastes. Posee los más lujosos hoteles de playa de toda Centroamérica, sus llanuras producen ingentes riquezas agrícolas y ganaderas; pero es, al mismo tiempo, la segunda región más pobre del país. Sus pobladores se quejan de estar sufriendo un desempleo masivo, un sistemático despojo de las tierras en la franja del litoral, sus pescadores se quedan sin su trabajo ancestral, no pocas comunidades carecen o se ven despojadas del agua porque los organismos estatales se la llevan para que hoteles, propiedad de trasnacionales, puedan tener verde el césped de lujosas canchas de golf; lo cual ha hecho que esa provincia haya dejado de ser la tierra de sus propios hijos.
Y todo como resultado de las políticas socioeconómicas del gobierno.
De ahí la protesta que en esta ocasión llegó a ser multitudinaria, hasta el punto de que sus organizadores hablan de que mas de cuatro mil manifestantes se hicieron pacíficamente presentes en los actos oficiales de la celebración oficial en Nicoya. En contraste con algunos centenares que acompañaron a los Arias, hubo 42 buses repletos de manifestantes, 17 busetas, 72 carros particulares, cuatro camiones ganaderos, una delegación representando a la valiente y patriótica comunidad de Sardinal, 22 taxis de Nicoya, cientos de maestros y profesores, el sacerdote Ronald Vargas y el pastor evangélico Wilberth Salazar encabezando un numeroso grupo de fieles, junto a Wilmar Matarrita del Frente Nacional de Comunidades Costeras y al diputado José Merino del Partido Frente Amplio.
Para responder a esta auténtica expresión democrática, el flamante Premio Nobel de la Paz militarizó la región poniendo un sinnúmero de retenes, enviando seis buses de policías antimotines y 400 efectivos provenientes de todo el país. Y aun así, se vio obligado a recibir a los manifestantes y a comprometerse ante el pueblo guanacasteco a darles trámite a sus legítimas demandas.
Nada de eso sucede por casualidad ni es producto de una tenebrosa conspiración. Es la expresión patriótica de una región que ha sufrido como pocas los efectos de las deletéreas políticas neoliberales, que no han hecho sino agrandar la brecha social. El gesto de los hermanos guanacastecos está llamado a servir de detonante de lo que debe ser el tema central de la próxima campaña electoral. Más que gastar miles de millones en mercadear sus imágenes, los candidatos deben explicar a los ciudadanos cómo se proponen enfrentar esa creciente brecha social, que hoy constituye la mayor amenaza a nuestro sistema democrático.