Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 9 Diciembre, 2011


Glotonería estatal, ¡basta ya!


Todo indica que seguimos siendo ese “pueblo domesticado” que señalaba José Figueres, hoy día valga la aclaración, “Don Pepe”.
No tuve el placer de compartir con un personaje tan enigmático y gestor de una era sin dudas de gloria y reivindicación de batallas sociales, ahora me toca imaginar con los vestigios que quedan de aquellos tiempos, qué quiso decir con esa frase lapidaria.
Tocaría a mi estimado Don Beto Cañas hacernos el favor de explicarnos lo que quiso decir Don Pepe.
En todo caso, por ahora no encuentro una frase más adecuada y precisa que pueda resumir a plenitud y que englobe el sentimiento de sufrimiento actual en Costa Rica, me refiero, claro está, al noble pueblo.
Luego de quedar harto demostrada la glotonería a la que ha llegado el Estado costarricense, el descontrol sobre la bola de nieve del gasto y su cínica actitud de jactancia en la función pública, al decir a los cuatro vientos, “no se puede hacer nada”, en propia boca hacendaria, para detener el despilfarro salarial, sin mayor escrúpulo nuestros voraces políticos de turno se preparan para despojar al pueblo desprevenido, “domesticado”, con las fiestas de Navidad, tamales y corridas de toros.
La necesidad de más impuestos no puede estar simplemente justificada bajo la argucia de que el Estado es un “barril sin fondo”, producto de las preferencias, privilegios, beneficios salariales de la clase burocrática.
Esta locura ha llegado al ridículo de que instituciones, como Japdeva, están a punto de quiebra gracias a la montaña de remuneraciones, llenas de galanuras y convenciones colectivas, que las está ahogando.
La forma de hacer el presupuesto estatal, año con año, se resume en tomar la calculadora e inflar los montos del periodo anterior, sin ni siquiera importar si el gasto fue lógico, razonado, pero sobre todo, eficiente.
La pretensión del gobierno de Laura Chinchilla es de la trillada política tradicional, que sin mayores esfuerzos intelectuales, impulsa que los asalariados entreguen un 14% de sus gastos, para regalarlo al fisco, adornado bajo el pretexto del IVA, el cual ni siquiera va a remediar la gula estatal, ya que terminará pagando simplemente las fiestas, almuerzos, premios y aguinaldos de la clase más privilegiada de este país, los “servidores públicos”.
Sabemos que esta pseudo-reforma fiscal no hará que los ricos paguen como ricos, entonces, para qué tanta hipocresía y palabrería, señoras y señores, lo que aquí se busca es simplemente despojar a los asalariados.

Luis Alberto Muñoz