Glotonería contra el reloj
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Seguimos sin medir rendimientos en el Estado y negándonos a ver que ya no es posible posponer la solución al problema

Glotonería contra el reloj

El Estado ha encendido la aspiradora de dinero, comienza diciendo una nota de este medio ayer. Es verdad, ha tenido que succionar millones de dólares para financiar, en especial, los salarios de sus trabajadores.
Este es un serio problema que comenzó a gestarse en el país hace décadas y que hoy llega a límites insostenibles. Lo hemos dicho en este mismo espacio. Cuando en vez de hacer la reestructuración del Estado que era necesaria, solo se repartieron dineros entre los trabajadores públicos que deseaban abandonar el sector, se estaba manteniendo un problema que hoy todavía padecemos. El que unos salieran e ingresaran luego otros no aumentó en nada el grado de eficiencia. Por el contrario, en algunos casos pudo contribuir a desmejorarlo.

Decíamos a finales del año pasado que había que medir el rendimiento de los funcionarios públicos y empezar a corregir lo necesario para obtener eficiencia. Que esa tarea en marcha debería haber sido la primera de las cartas de presentación que el gobierno antepusiera antes de atreverse a pedir más dinero para el gasto público. Pero nada se hizo en ese sentido.
Por más que se quiera seguir con acciones cortoplacistas, tarde o temprano este gobierno o los siguientes tendrán que hacerle frente al problema de fondo de la ineficiencia del sector público.
No se quiere comenzar a medir rendimiento en los trabajadores de las instituciones del Estado, sin tomar en cuenta que eso contribuye a empeorar cada día la situación y que en algún momento tendrá que iniciarse la tarea de la cual no se quiere ni hablar.
Decíamos, a mediados del año pasado, que era urgente detener el proceso de gigantismo estatal, en especial alrededor de gastos superfluos, muchos de ellos ligados a compromisos político electoreros.
Decíamos, también, que la solución a los problemas del país, inmediatos o de mediano y largo plazo, exige que el gobierno adapte su gasto al ritmo que lleva el crecimiento de la economía, de forma honesta y planificada.
Pero seguimos sin medir rendimientos en el Estado y negándonos a ver que ya no es posible posponer la solución al problema.

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