Ganó la vocación
Jonathan Ordónez, escultor y Grace Ureña, fotógrafa.
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Nada pudo impedir que lo hicieran. Estudiar y trabajar en otra cosa no anuló sus vocaciones.

Cuando el arte está ahí, en lo más profundo del espíritu, es una llama que nada puede apagar.

La necesidad de expresarse creando arte gana todo tipo de batallas. Grace Ureña y Jonathan Ordóñez son ejemplo de que la vocación manda.

Hoy sus obras están expuestas, porque la invaluable labor realizada por Instituto Nacional de Aprendizaje, INA, desde hace 20 años, les apoya exponiendo sus obras para que el público disfrute y para que ellos puedan dialogar con la gente en el lenguaje que los caracteriza: el arte.

Durante este mes de julio en la Sala de Exposiciones del INA en su sede central en La Uruca, San José, las fotografías y las esculturas de Grace y Jonathan respectivamente están ahí no solo para ser apreciadas por estudiantes y colaboradores de esa institución sino también para usted si desea verlas.

La muestra es de entrada gratuita de lunes a viernes de 8m am. a 3pm.

Para Jonathan no ha sido ni es fácil crear esculturas. Las hace en hierro porque estudiando metalmecánica en las instalaciones del INA en Libería, Guanacaste, adonde ingresó a la edad de 17 años, aprendió a soldar y trabajar el metal.

“Fue mi instructor, Geovanny Valverde Cubero, quién me animó a vivir la pasión de crear esculturas y las hago de chatarra, para expresar mi deseo de no contaminar al planeta”, dice Jonathan.

El ama la naturaleza y esta cobra vida, por ejemplo, en un colibrí libando de una rosa, o en una ardilla con alimento en su mano, para mencionar dos de sus esculturas.

Y es ese amor a la naturaleza, entre otras cosas, lo que impulsa también a Grace Ureña a crear arte fotográfico.

Ella estudió administración de empresas en el Instituto Tecnológico pero luego entró a trabajar al INA al núcleo de la industria gráfica. Un año después ya fue pasada a la docencia.

“Trabajaba pero en mis ratos libres tomaba fotos con una cámara no profesional y revelaba los rollos según la forma antigua”, dice Grace. En ella también, la vocación exigía lo suyo.

“Después, cuando aparecieron las cámaras digitales me compré una y seguí fotografiando cualquier elemento que despertaba mi interés.

Conservaba los negativos de las antiguas fotos y las digitalicé en un centro especializado en esto. Hice así mi archivo de donde seleccionaba lo mejor para, algún día, exponerlo” explica la artista.

Fue el INA quién le dio esa oportunidad, aunque tuvo que esperar dos años para ver realizado su sueño.

Hoy sus fotografías artísticas comparten la Sala de Exposiciones con las esculturas de Jonathan.

En el interior de Grace hay una inquieta búsqueda para expresarse por medio del arte y por ello, aunque había pensado comenzar a estudiar música en cuanto se jubilara, lo hace desde ya, recibiendo clases para educar su voz y cantar.

Desde luego, no dejará por ello la fotografía.

Jonathan también espera una oportunidad para aprender a esculpir madera, otro material que le atrae para crear, sin dejar de hacerlo en hierro.

Sin embargo, nada de esto es fácil para él, quién vive en Bagaces, Guanacaste.

Una larga trayectoria dando a conocer el arte en sus diferentes manifestaciones, nos ha permitido comprobar la potencia de esta vocación que no admite obstáculos.

Ella permite desarrollar a los artistas su máximo potencial aunque a veces el camino es duro.

Pero por muy difícil que sea poder dedicarse al arte cuando este llama con fuerza, los artistas transitan la vida con felicidad, tal como lo hacen siempre quienes van por la ruta de su vocación.

Es ella quién les protege de los vendavales y les mantiene alejados de peligrosos caminos.


Carmen Juncos

Editora Jefa y Directora de proyectos

[email protected]


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