Laura Bonilla

Laura Bonilla

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Viernes 23 Septiembre, 2016

Nuestra preocupación en los últimos años como sector exportador es que el país ha venido perdiendo sistemáticamente competitividad al haberse devaluado las monedas de otros países competidores

¿Flotación administrada?

Presidente de CADEXCO

Costa Rica ha venido migrando de diferentes sistemas para la fijación de un precio tan importante como lo es el tipo de cambio. Después de la crisis de los años 80, se adoptó un sistema de minidevaluaciones donde el Banco Central de Costa Rica, preocupado por mantener la competitividad de las exportaciones y del turismo, tenía como objetivo una estabilidad del tipo de cambio real, y por esa razón había certeza de cálculo económico sobre la tasa de devaluación que era equivalente al diferencial de la inflación del país respecto a la inflación de los principales países competidores.
No obstante, con la tesis de buscar una mayor volatilidad cambiaria y con el establecimiento de una política de metas de inflación, el Banco Central en octubre del 2006 modificó el régimen cambiario a un sistema de bandas.


Posteriormente en febrero de 2015, con la misma argumentación de un sistema más flexible, se pasó a un régimen de flotación administrada, donde se dejaría que el tipo de cambio fluctuara según las fuerzas de oferta y demanda del mercado, pero reservándose el derecho el Banco Central de intervenir para evitar fluctuaciones violentas en el tipo de cambio.
Nunca se ha definido qué se entiende por fluctuaciones violentas ni tampoco cuáles son las reglas de intervención, pues existe confianza de los agentes económicos en la objetividad del Banco Central.
Nuestra preocupación en los últimos años como sector exportador es que el país ha venido perdiendo sistemáticamente competitividad al haberse devaluado las monedas de otros países competidores, y lo contradictorio es que la variabilidad de nuestro tipo de cambio prácticamente se ha reducido de manera notoria desde el régimen de minidevaluaciones.
Esto incluso nos ha llevado a pensar si realmente lo que se busca es una estabilidad cambiaria nominal en sacrificio de la competitividad de nuestras exportaciones. Por ejemplo, preocupa que en el primer semestre de este año, el Banco Central haya perdido más de $400 millones usando reservas monetarias internacionales para sostener el crecimiento de la demanda de divisas y la tendencia a la devaluación de nuestra moneda.
Sin embargo, seguimos confiando en el ente rector del sistema financiero y su objetividad a fin de que se vuelva a tener como objetivo, a mediano plazo, un tipo de cambio real que ayude a compensar el abaratamiento que han sufrido los bienes de exportación y los servicios turísticos de otros países competidores.