Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 12 Agosto, 2013

La Iglesia es madre y maestra, ¡no política! (aunque la tentación sea mucha)


“… desde MONCHO “

Faltó que pidieran perdón los obispos

Como hay que hacer pública la fe, aquí va la mía, soy católica, practicante, hice la primera comunión a los 11 años, me preparó una hermosa anciana del barrio San José, en unas vacaciones de tres meses, así que fue casi por suficiencia, no sé si de ahí procedan mis enormes carencias. Suelo ir a misa, me gusta confesarme, cumplir la penitencia, y comulgar.
Aclarado el punto, agrego que tengo buenos amigos sacerdotes, un par de obispos a los que aprecio entrañablemente; uno de ellos además por ser liguista. Me he puesto los guantes para defender la Iglesia (católica) en muchas ocasiones, pero en esta ocasión no.
No sean como príncipes. Me enojó la intromisión de la Conferencia Episcopal, al atreverse preparar un documento para que leyeran los presidentes de los poderes de la República. Documento para consagrar sus vidas, y la nación, a la Virgen, en que “piden” perdón por sus errores. Alegar ingenuidad del documento no es propio de prelados de tan alto vuelo intelectual. Porque lo son.
En principio podría parecer un gesto de humildad y reconciliación. Pero es que no fue voluntario. Fue inducido por la jerarquía de la Iglesia, en un hecho impropio. Mientras Francisco hacía referencia a lo sano del estado laico, en Brasil, en CR los obispos congregados el 2 de agosto en el acto, quizá, más emotivo de la fe católica, retroceden a la Edad Media cuando Iglesia y Estado eran una sola cosa. Una sola cosa, que quisiéramos borrar de la historia.
Reconozco que mis bases del catecismo son deficientes, pero sé que la confesión de los pecados es un acto íntimo, personal, es voluntario. Antecedido de un momento de reconocimiento de la transgresión. No puede ser “obligado”, menos escrito por terceros, por más buenas intenciones que tenga.
Ciertamente los tres poderes de la República tienen mucho por qué pedir perdón a las y los ciudadanos de este país, una hojita de dos párrafos resulta además, insuficiente, quizá insultante. ¿Pero, mediante la imposición de la jerarquía eclesiástica?
Pregunto, ¿qué hubiese ocurrido si ese 2 de agosto, el Presidente Legislativo hubiese sido Justo Orozco, estuviese en ejercicio de la Presidencia de la República Luis Liberman, y presidiendo la Corte Suprema de Justicia, algún magistrado no creyente?
¿Estaban obligados por la jerarquía de la Iglesia católica, a la lectura de un texto, de una fe, que no profesan, siendo ellos también costarricenses?
Jesús, el Gran Maestro, lo resolvió fenomenalmente cuando los fariseos querían atraparlo: “Está bien que paguemos impuestos al emperador romano o no?” Pidiendo un denario les preguntó: “¿De quién es la cara, que nombre está escrito?”-. Ellos respondieron: De César. “Entonces, dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.
Jesús marca extraordinariamente la división entre Estado, el poder, la administración y los asuntos de Dios. La Iglesia es madre y maestra, ¡no política! (aunque la tentación sea mucha).


Iris Zamora Zumbado