Factor humano
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German Retana
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El tercer tiempo
Quienes no practican el rugby podrían interpretar que es un deporte muy rudo porque a lo mejor se dejan impresionar por la fuerza física involucrada y los constantes choques entre los jugadores rivales. Sin embargo; tiene una enseñanza extraordinaria para todo aquel que crea en la convivencia humana. Rene Crabos, legendario jugador francés argumenta que ese deporte se compone, en realidad, de tres tiempos.
El primer tiempo lo conforma la semana previa de preparación para cada juego. En él, lo importante es disfrutar encontrarse con los compañeros y el guía del equipo para ponerse de acuerdo sobre la estrategia que usarán en el siguiente partido. El énfasis es fortalecerse como equipo, ser solidarios y gozar tanto el reto como la camaradería dentro y fuera del camerino. Crecer en su integración es la prioridad.
El segundo tiempo es el partido en sí mismo. Es el gran examen sobre el carácter, el autocontrol y el sentido de equipo. Todos esperan ese momento para disfrutarlo. La agresividad y la fuerza son guiadas por la inteligencia, no por la ira. La estrategia compartida es la esencia porque no es un juego de estrellas individuales sino de equipo. El reto es vencer los miedos y estar unidos ante la adversidad. Crabos indica: “Con la correcta actitud mental con seguridad se alcanzará el éxito, el que no necesariamente está medido en términos de resultado, sino por el placer de jugar, respetando a compañeros, adversarios y árbitros. Este es el tiempo de batalla del rugby, que solo tiene sentido si participa en ella gente educada para llevarla a cabo dentro de sus principios y tradiciones.
El tercer tiempo —dicen los practicantes de este deporte— es el más importante. Lo constituye el reencuentro posterior con los oponentes y el árbitro. Es el momento de agradecimiento mutuo por haberse ayudado a gozar el juego. En él se liman las asperezas, se reconocen los errores, se brindan las disculpas por alguna situación indebida. La celebración conjunta post partido es una obligación; los locales se esmeran por atender a los visitantes y sería de mal gusto para los foráneos no aceptar la invitación. “Allí conocemos a la persona que encierra al jugador con el que acabamos de competir duramente, así se forjan amistades que duran para siempre”, dice Crabos. Sin este tercer tiempo no se goza a plenitud el rugby.
“En los dos primeros tiempos nos preparamos para ser jugadores de rugby, pero en el tercero completamos nuestra formación como hombres del rugby”, concluye Crabos.
Aunque muchos de nosotros no conocemos el rugby, por lo menos podríamos empezar aplicando su tercer tiempo. Así entenderíamos el verdadero sentido de las contiendas en muchos campos de la vida.


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