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Factor humano

German Retana
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Desencarcelar el talento
Es paradójico que haya equipos con potencial pero que no triunfan con constancia. Es como si sus talentos estuvieran prisioneros en algún lugar, secuestrados por mentes que impiden su pleno despliegue.
Haga esta prueba: pregúntele a las personas de su equipo si creen poseer talentos, capacidades o conocimientos para hacer mejor las cosas que como las están haciendo actualmente. Es posible que el 99% de ellas responda afirmativamente. Luego hágales esta segunda pregunta: ¿Entonces por qué no las están haciendo mejor? Si bajan la vista es porque piensan que usted, su jefe, es una de las razones por las que no usan todo su potencial al servicio de los objetivos de la organización.
Los directores de equipos tienen dos opciones: Imponer unilateralmente su modo de pensar y actuar, o inclinarse por un enfoque más abierto a las ideas de otros que complementen, nutran y amplíen su visión. Algunos creen aplicar la segunda alternativa porque consultan con colaboradores cercanos, pero a lo mejor no se percatan de que ellos no piensan diferente ni desafían sus ideas y que solamente constituyen una extensión más de su propio pensamiento.
En un equipo deportivo, por ejemplo, el entrenador asegura su permanencia en el puesto en la medida en que los jugadores crezcan en el despliegue de sus talentos. O sea, él requiere ser un alfarero que construye su obra a partir del talento existente, pero, sobre todo, un inspirador de la confianza del equipo en su potencial. Como plantea Antoine de Saint-Exupery, “si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero haz de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho”.
Es paradójico que, a veces, la liberación del talento colectivo depende de que una sola persona tenga la humildad de trabajar en equipo, de escuchar consejos, de aceptar sus límites y de convertir el aprendizaje en una regla de oro en su vida. Cuando los “líderes” creen saberlo todo y tratan de moldear a otras personas conforme a su único modo de ver el mundo, se convierten en un cuello de botella que obstruye el paso de la imaginación, de la diversidad y de la energía que se genera cuando dos ó más fuerzas diferentes entran en sana fricción.
En el deporte, el talento físico es incompleto si el jugador no lo acompaña con talento intelectual, para discernir con rapidez y efectividad situaciones que marcan la diferencia en el resultado competitivo. Una forma efectiva de “desencarcelar” el talento es liberando también la inteligencia por medio de la ampliación de la cultura y el desarrollo integral de quienes dirigen y son parte de un equipo deportivo o empresarial.


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