A menos de siete meses de las elecciones presidenciales, y con la contienda aún abierta, Fabricio Alvarado volvió al ruedo político este martes con una declaración cargada de simbolismo religioso y tono combativo: “Este no es un mensaje político tradicional. Es un grito de dignidad y de urgencia por un cambio verdadero”.
El candidato presidencial y actual diputado por Nueva República aseguró que su postulación representa una lucha contra lo que calificó como una “élite corrupta” que, según él, ha saqueado el país por años.
“Mientras hay chanchos que quieren seguir devorándose nuestro país, nosotros lo vamos a defender con coraje, con Dios de nuestro lado… como león fuerte”, dijo.
Con esta frase, Alvarado lanza un mensaje directo al electorado conservador y evangélico que lo respaldó con fuerza en los dos intentos anteriores, y busca encender nuevamente una campaña con fuertes contrastes entre “el bien y el mal”, “los limpios y los corruptos”.
“Este mensaje no es apto para chanchos”, agregó, en un claro intento por reforzar su narrativa de outsider moral frente a la política tradicional.
El tablero electoral se mueve
Su anuncio llega en un momento clave: la más reciente encuesta de Opol Consultores, publicada el 8 de julio, refleja una competencia aún fragmentada, donde ningún candidato alcanza el 40% necesario para evitar una segunda ronda. Según el estudio —realizado entre el 3 y el 6 de julio a 1.800 personas— Laura Fernández, del Partido Rodriguista, lidera con un 13,1%, seguida por el propio Alvarado con 10,3% y Álvaro Ramos, del PLN, con 7,6%.
El dato más revelador, sin embargo, es que el 35,4% de los encuestados asegura que no apoyará a ninguno de los candidatos, mientras un 9% no sabe o no responde.