Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Viernes 7 Marzo, 2014

Somos actores privilegiados de un momento democrático único e irrepetible que nos reconfirma como una democracia peculiar


Hablando Claro

Eufemismos aparte

Esta campaña electoral inició como atípica y se está desentrañando hasta convertirse en un proceso histórico de la sociedad costarricense que ha ido marcando paso a paso de manera contundente e interesantísima su determinación de cambio.
En este sentido, somos actores privilegiados de un momento democrático único e irrepetible que nos reconfirma como una democracia peculiar.
Digo somos, porque las decisiones que ponen sobre la mesa los actores políticos y demás poderes formales, junto con la acción de los poderes fácticos, se sella con nuestras decisiones como ciudadanos.
Y aquí no caben los eufemismos. Si las encuestas ya de por sí son tan determinantes como para haberse convertido en el detonante final (a confesión de parte) de la decisión de don Johnny Araya de abandonar la lucha y dejar con ello tirados a sus dirigentes y militantes, no somos nosotros los que nos vamos a hacer los desentendidos como para no atrevernos a señalar de manera clara y directa que nos queda un aspirante a quien respaldar decididamente.
Porque falta concluir con el ejercicio de la legitimidad sustantiva que es la concurrencia a las urnas para derivar el mandato.
Claro que ganar así, por abandono de la cancha por parte del rival, le resta lucidez al juego democrático.
Don Johnny Araya y su comando de campaña, lamentablemente, no han estado a la altura de las circunstancias y por ello, están recibiendo la fuerte reprobación del liberacionismo.
En nuestra opinión, las razones argumentadas no son suficientes para el abandono de la responsabilidad democrática que en su día aceptó.
No lo eran el 4 de febrero cuando los primeros dirigentes sugirieron abandonar y no lo eran tampoco este miércoles cuando finalmente declina la responsabilidad de conducir los destinos de Liberación Nacional en su hora más aciaga.
Por cierto que, por un asunto de congruencia básica, don Johnny tendrá muy cuesta arriba su intención de mantenerse en política y más aún su confeso deseo de conducir al PLN en este cuatrienio, cuando lo que ha hecho es precisamente renunciar al ejercicio de un liderazgo que necesariamente tenía que ganarse terminando lo que había empezado.
Lo sucedido solo podemos verlo a partir de los elementos que tenemos enfrente y estamos seguros de que hay factores que desconocemos y que condujeron a la decisión de Araya y su gente de abandonar la lucha.
Lo que sí advertimos es que este no fue un acto de desprendimiento político. Es una suerte de huida que marca una inmensa derrota de la que Liberación tendrá que encontrar todas las maneras posibles para levantarse.
En cuanto a don Luis Guillermo Solís y la inmensa responsabilidad que sobre su liderazgo recae en esta hora, habrá de ayudar a procesar al electorado de manera muy realista las elevadísimas expectativas que se ciernen sobre su mandato y sobre el primer gobierno del Partido Acción Ciudadana.


Vilma Ibarra