Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 9 Agosto, 2010



Es de celebrar que existan concursos e iniciativas que promuevan el desarrollo teatral. Mejorarlas es un detalle

Estímulos al arte teatral

Nuestro país se distingue por el desarrollo de las artes. A pesar de su tamaño, Costa Rica se las ha ingeniado para tener artistas destacadísimos y reconocidos internacionalmente en todas las ramas artísticas.
Aunque a los gobiernos les ha costado mucho ver el potencial existente y no han fortalecido como se debe al Ministerio de Cultura, los creadores se las han ingeniado para buscar caminos que les permitan crecer.
El teatro se ha quedado un poco relegado con relación a otras disciplinas artísticas. Sin embargo en la última década han surgido instancias que han ayudado a la creación dramatúrgica y de puesta en escena.
Tal es el caso del Plan de Fortalecimiento del arte del teatro en Costa Rica; a través de varias actividades ayuda en colaboración con varias instituciones del Estado a que los “teatreros” logren el objetivo fundamental del arte: llegar a la mayor cantidad de espectadores posible.
En el marco de este plan destacan dos certámenes que este año cumplen su sexta convocatoria: el concurso público de puesta en escena que organiza la Compañía Nacional de Teatro (CNT) y el de dramaturgia inédita para teatro de cámara que lidera el Teatro Nacional.
El primero está dirigido a directores de escena y le ofrece al ganador la posibilidad de tener acceso a una producción en la CNT con un presupuesto nada despreciable y el apoyo y la infraestructura que esta institución brinda.
El segundo le brinda al dramaturgo seleccionado el gozo de ver su obra en escena en el Teatro Vargas Calvo.
Ambas iniciativas son sumamente importantes para el desarrollo del arte teatral costarricense y somos muchos los que participamos en estos certámenes.
Junto con mi colega Juan Fernando Cerdas tuvimos el honor el año pasado de ser elegidos para dirigir en conjunto “La ópera de tres centavos”, de Bertold Brecht, aunque lamentablemente por razones de salud debí retirarme antes de iniciar los ensayos.
En dos ocasiones también tuve la dicha de ser distinguida con el premio de dramaturgia del Teatro Nacional en 2008 con “Atrapados en un febrero bisiesto” y este año con “La segunda oportunidad” que escribí en coautoría con el dramaturgo y guionista Walter Fernández.
Y no lo cuento para presumir, que conste. Lo hago porque me complace compartirlo con mis lectores que quizás no tuvieron la oportunidad de leer la noticia en otros medios de circulación nacional.
Pero además me interesa señalar que estos trascendentales concursos necesitan ajustes para funcionar de manera óptima. Y obviamente lo afirmo por experiencia propia.
El gran inconveniente que tienen en común ambos certámenes es la fecha de anuncio de los premiados. Esto porque desde el momento en que el director y/o dramaturgo sabe que ha sido seleccionado hasta el día que debe estrenar el espectáculo según los estatutos de los concursos, solo trascurren dos meses.
Este tiempo es insuficiente para que los directores acomoden sus agendas laborales y personales. Además es prácticamente imposible contar con el equipo ideal de actores y diseñadores: muchos de los artistas con los que uno espera contar están inmersos en otros proyectos.
Por otra parte si tomamos en cuenta lo engorrosas que resultan las contrataciones con el Estado se requiere un par de meses para cumplir con todos los trámites administrativos.
Es de celebrar que existan concursos e iniciativas que promuevan el desarrollo teatral. Mejorarlas es un detalle.

Claudia Barrionuevo
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