Luis Alberto Muñoz

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Viernes 7 Noviembre, 2008

¿Estaremos a salvo con Obama?

Luis Alberto Muñoz
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La revista Rolling Stone no dudó al declarar en portadas a George W. Bush como el peor presidente estadounidense de la historia.
Al mundo le ha costado encarar la catástrofe financiera provocada en gran parte por la visión militarista y de imperialismo monetario de Bush.
La buena noticia es que las drásticas acciones tomadas por los bancos centrales alrededor del planeta (en son de rescate) parecen haber contenido la debacle.
Sin embargo, los coletazos de la tormenta económica están por todos lados.
En medio de este panorama oscuro, se desarrolla uno de los procesos electorales más hermosos.
Con transparencia los ex candidatos John McCain y Barack Obama discutieron los detalles más íntimos de la crisis de su nación, ante miles de millones de personas en el mundo.
Ambos contrincantes se abstuvieron de una campaña sucia, rastrera, concentrándose en analizar a fondo soluciones para la problemática estadounidense.
El miércoles 5 de noviembre, con los resultados de los comicios en la mano, la sección de política de CNN, tituló “Barack Obama es ‘Presidente del mundo’”.
A todas luces la decisión editorial de la cadena estadounidense parece desproporcionada y etnocentrista.
Sin embargo, excluyendo los medios deportivos fue difícil encontrar un periódico alrededor del globo que no tuviera en la portada la foto de Obama.
El presidente estadounidense número 44 parece llegar en un momento oportuno y bajo un halo esperanzador.
Ahora, ¿hasta qué punto podrá Obama revertir los daños ya causados?
Estados Unidos se enfrenta ante el peor déficit fiscal de la historia. La significativa baja en la confianza de los consumidores ha generado fuertes recortes de empleos y todo pinta a recesión.
Obama tendrá tarde o temprano que enmendar los paquetes de ayuda fiscal recetados por la administración Bush. Pero esto tomará su tiempo.
A final de cuentas, el nuevo presidente de “un mundo colapsado” deberá enfrentar el aprieto con una versión renovada del “New Deal” tras la crisis de 1929.
En un mundo globalizado, la recuperación de la economía norteamericana dependerá más del multilateralismo en la política exterior que del proteccionismo de su mercado interno.
Esto toma mayor importancia considerando un juego oportunista del euro y del yuan ante el dólar.
Estados Unidos no podrá abandonar su expansión comercial por todos los continentes, por lo que el nuevo “Presidente del Mundo” deberá actuar como tal, para salvar a su país de la autodestrucción económica de su antecesor.