Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 8 Abril, 2011


Estado no construye, concesión no sirve


Costa Rica requiere construir aunque sea “algo” para reponer el rezago en infraestructura que atenta contra la competitividad, el bienestar y tiene condenado el futuro del país.
Sufrimos una grave parálisis, el Estado no construye. Por otro lado, la concesión no sirve, tras 18 años de su nacimiento no da buenos frutos debido a la débil fiscalización, el pésimo diseño y la mala administración de los contratos.
Las pocas obras nuevas que hoy disfrutamos se deben a regalos de otros gobiernos como el de China y Taiwán, o llegan tras un mar de infortunio, largos años de espera y, para desgracia de todos, con evidentes defectos que no permiten su adecuado aprovechamiento.
La situación es cada vez más apremiante y delicada, ya es hora de que un gobierno tome de manera sincera y seria la búsqueda de una solución a un mal sin fin, cuyo monumento a la incompetencia es hoy el aún convaleciente puente de la “platina”.
Está claro que el Estado ha desmantelado su capacidad para construir obras, pues no cuenta con los equipos, dinero ni profesionales necesarios para levantar toda la infraestructura que urge.
Costa Rica tiene dos opciones “políticamente correctas” y una tercera ignorada.
La primera, aprovechar el dinamismo del sector privado, de empresas con altas acreditaciones para realizar los proyectos mediante el mecanismo de licitación pública.
La segunda, en especial para aquellas obras que requieren “pericia”, utilizar el mecanismo de concesión.
En el país hay claros ejemplos de que ambos modelos pueden funcionar, pero se necesita un Estado profesional, eficiente y honesto, dispuesto sobre todo a establecer contratos en condiciones que beneficien a Costa Rica antes que a intereses particulares.
La tercera, es que de algún modo los políticos sembraron la idea de que el país es incapaz de hacer obras importantes, lo cual hasta cierto punto es verdadero, pero solo si excluimos toda la infraestructura levantada por instituciones como el ICE en las últimas décadas.
Lo más importante ahora es tener la sinceridad de aceptar que estamos enfrascados en una discusión ideológica estéril, por lo que no vamos para adelante ni para atrás. El modelo se ha distorsionado y Costa Rica ha perdido su propósito como nación, convertida ya más en un mero “mercado emergente”.

Luis Alberto Muñoz