Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 1 Octubre, 2012


Esperanza y bienestar

Vive nuestra sociedad pesimismo y frustración. Las encuestas señalan una opinión muy negativa sobre el futuro que vislumbran los entrevistados para sí y para el país, y un estudio latinoamericano coloca a la Señora Presidente como el gobernante con menos apoyo del público. Esto genera mi solidaridad con doña Laura, recordando los momentos difíciles que, como todos, tuvo mi gobierno.
En la campaña electoral de 1998 anuncié con franqueza el propósito de abrir la competencia en telecomunicaciones, electricidad y seguros a fin de permitir inversión privada para cumplir mejor con esos servicios y además acelerar la modernización de la economía, liberar recursos para la muy deteriorada infraestructura, la educación secundaria, la seguridad ciudadana, la salud y los programas sociales.
Recuerdo con dolor cuando ya aprobados en primer debate los proyectos, brotaron las manifestaciones en su contra y el mayor partido de oposición le quitó el apoyo a la iniciativa. Desde el Ejecutivo, con humildad democrática, tuvimos que pasar la página para dedicarnos a otras tareas. Y claro, presidente y gobierno sufrimos ante la opinión pública.
Pero el problema no es solo de la Señora Presidente. Esa opinión ciudadana es también un problema objetivo para el país y en especial para las familias pobres.
The Economist el pasado 12 de mayo publicó: “La esperanza suelta una trampa: La falta de optimismo juega un papel importante en mantener a las personas atrapadas en la pobreza”. Señala que la falta de esperanza es un importante factor que autorrefuerza la condición de pobreza. Lleva a que las personas, por consumirse en sentimientos pesimistas, no hagan pequeños esfuerzos con los que podrían acumular importantes efectos positivos para salir de la pobreza.
En 2007 el Papa Benedicto XVI nos regaló su encíclica Spe Salvi señalando la esperanza como base para dar sentido a la vida. Nos señaló: “nosotros necesitamos tener esperanzas —más grandes o más pequeñas—, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan.”
Una esperanza muy importante para el bienestar de quienes sufren la pobreza, es la del progreso. El pesimismo sobre el futuro y los gobernantes son carlancas que nos amarran a la pobreza. La esperanza nos da algo objetivo ya.
Como señala la encíclica: “atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro «todavía-no». El hecho de que este futuro exista cambia el presente; el presente está marcado por la realidad futura, y así las realidades futuras repercuten en las presentes y las presentes en las futuras.”
Cuando más oscuro está el ambiente mejor debe iluminar nuestro camino la luz de la esperanza. Siempre cada persona, no importa cuán malas sean sus circunstancias, puede actuar para mejorar. Es importante no echarse a morir. Gradualmente, con pequeños o con grandes esfuerzos podemos progresar. Para asumir nuestra responsabilidad personal y también para ser solidarios nos fortalece la esperanza en el valor de nuestro esfuerzo y en el amor que Dios nos tiene.

Miguel Angel Rodríguez
Expresidente de la República