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Sábado, 6 de marzo de 2021



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Entonces, ¡Hasta luego!

Natiuska Traña [email protected] | Jueves 21 enero, 2021


El 20 de enero, Joseph Biden fue reconocido como presidente número 46 de los Estados Unidos y tomó posesión de la Casa Blanca.

Históricamente los gobiernos de Estados Unidos oscilan entre mandatos demócratas y republicanos (los dos puntos de vista antagónicos que se turnan cada 4 años). El gobierno “Trumpista” de Trump (porque no podríamos llamarle Republicano), marcó un antes y un después de este Partido que se encuentra absolutamente fragmentado.

La fragmentación del partido republicano es una consecuencia de la polarización de las ideologías del país, con una izquierda que cada vez admite menos la diversidad (de pensamiento) en relación con su nueva ideología “base” y un “Trumpismo” en el cual se han refugiado todos los grupos que se oponen a ella, incluyendo por un lado a la derecha y los republicanos tradicionales (por motivos principalmente económicos) y algunos grupos unidos por resentimientos sociales y raciales, que perciben la izquierda como una élite; exacerbando la división de por sí ya existente con los demócratas.

No será una tarea fácil para el presidente Biden lidiar con las políticas públicas y económicas consecuencia de la pandemia mundial, sino que se suma la polarización social de casi la mitad del país con punto de vista de extrema derecha populista y radical.

Estados Unidos está viviendo un proceso político que se asemeja a los países latinoamericanos, donde es reconocido por todos que la ingobernabilidad, polarización y surgimiento de grupos subversivos es consecuencia del descontento general con el sistema.

Uno de los principales problemas del presidente Biden será conciliar el antagonismo y cerrar espacios al crecimiento del racismo, por medio de una administración responsable y racional.

A pesar de la premisa de los seguidores de Trump, todos los gobiernos de los Estados Unidos se han caracterizado por un nacionalismo económico, que busca primero solucionar los problemas domésticos, antes que solucionar los conflictos latinoamericanos, tema que el presidente Biden deberá resolver, independientemente de su buena voluntad con la región latinoamericana reconocida durante su carrera política como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Nos encontramos en un escenario de crisis mundial, donde para Latinoamérica las palabras de Madeleine Albright (Ex-secretaria de Estado durante el gobierno del presidente Clinton) se han vuelto considerables: “Estados Unidos es un país indispensable” y su imagen debilitada en política exterior debe fortalecerse esencialmente para que los países de la región no se vean inmersos en compromisos coercitivos, sino diplomáticos que aceleren la recuperación económica y la reversión de los gobiernos no democráticos.

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