Arnoldo Mora

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Viernes 16 Enero, 2009

Enfrentando la violencia

Arnoldo Mora Rodríguez

Los inicios del nuevo año han puesto al país frente a uno de sus mayores desafíos: la violencia. La violencia es la capacidad de inferir la muerte. La muerte tiene dos orígenes. La muerte natural es causada por fenómenos no producidos por la acción humana, por lo que se le considera como un destino inexorable. Pero también se da la muerte provocada por el ser humano, en cuyo caso el factor determinante es el albedrío, por lo que tiene implicaciones éticas. En el primer caso hay muerte natural, en el segundo hay delito.
Las noticias de este principio de año solo tienen como tema obsesivo estas dos formas de violencia. Por un lado, las estadísticas revelan que nunca ha habido tantos asesinatos y accidentes como en 2008. Estas alarmantes cifras han llevado a legislar en materia de seguridad vial estableciendo leyes muy rigurosas que han arrojado resultados inmediatos, ya que los accidentes provocados por choferes ebrios disminuyeron drásticamente en el pasado fin de año. Pero la violencia por crímenes y asaltos continúa; por lo que hay en la Asamblea Legislativa un proyecto de ley que propone sanciones mucho más rigurosas contra los delincuentes y confiere potestades (¿algunas inconstitucionales?) a los organismos encargados de la prevención y la represión del delito.
Pero las muertes provocadas por las fuerzas de la naturaleza han sido el tema obligado en estos últimos días debido al terremoto. En ambos casos, la reacción de la gran mayoría de los costarricenses ha sido encomiable, reclamando una más severa sanción contra los delincuentes en el primer caso; y volcándose masivamente en una campaña de solidaridad hacia los damnificados, en el segundo. Lo dicho revela que nuestro pueblo cuenta con reservas morales y valores cívicos que siguen vivos en la conciencia nacional. Razón por la cual, no cabe el pesimismo. Hay corazón y voluntad para asumir los mayores desafíos hoy como ayer en nuestro pequeño gran país. Por eso frente al futuro, lo que corresponde es confiar en esas reservas.
Lo anterior es bueno como punto de partida. Pero no basta. Es necesario recurrir a los instrumentos que se requieren para asumir con posibilidades de éxito ese doble reto de la violencia: el desarrollo científico y tecnológico y una legislación actualizada. Pero, para que ambos instrumentos sean eficaces se requieren instituciones conformadas por personas honestas, sin vicios de burocracia y clientelismo político. Todo lo cual exige que haya una voluntad política auténticamente patriótica que abarque las diversas esferas de la sociedad, tanto de los responsables de la “cosa pública” (gobierno central y municipalidades), como de las organizaciones de la sociedad civil. Más aún, esta organización debe darse en todas y cada una de las comunidades.
La violencia callejera y las catástrofes naturales pueden ser drásticamente disminuidas en sus efectos deletéreos si hay una voluntad nacional que una corazones y sentimientos, creencias y valores con una sola meta: hacer de nuestro país una comunidad en que sea factible pasar de la ruda sobrevivencia a la humana convivencia. Solo así la violencia dejará de ser un destino inexorable convirtiéndose en tan solo un desafío asumido creativamente.