Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 23 Diciembre, 2009


Hablando Claro
En vísperas de Navidad…

La historia de cada ser humano en pos de su realización y plenitud (eso que llaman felicidad) es la búsqueda constante de la libertad del espíritu. La pregunta es cómo alcanzarla. Por increíble que parezca, las respuestas son más sencillas de lo que elaboramos. Eso sí, se requiere una buena dosis de optimismo y una gran convicción para poder poner en práctica —en contra de los aplastantes pesimismos que nos circundan la vida cotidiana— las claves que nos irán convirtiendo poco a poco en seres humanos valiosos para nosotros mismos y para los demás.

La primera clave está en aceptarnos. Tenemos muchos defectos pero también enormes virtudes. Si admitimos de manera sana que somos especiales, que tenemos dones y talentos significativos, tendremos la capacidad de lanzarnos con empeño a desarrollar nuestras capacidades para crecer, madurar y entregar lo mejor de nosotros mismos.
La segunda clave está en aceptar a los demás; porque así como hay tanta gente que no reconoce a sí misma ningún valor especial, muchísimos piensan que a su alrededor no hay —literalmente— nadie que valga la pena más que ellos mismos. Son esos típicos personajes que tienen una capacidad impresionante para detectar los defectos de los demás, sin llegar a considerar que ellos están llenos de imperfecciones.
Aceptar a esas personas es difícil, pero resulta fundamental para nuestro propio proceso de crecimiento personal; lo cual implica también un esfuerzo consciente para no dejarnos contaminar por ellas, porque así como encuentran todos los defectos imaginables en sus congéneres, generalmente son tan negativas que se quejan si hace demasiado sol o llueve mucho, si hace frío o si hace calor, si hay mucho ruido o demasiado silencio.

Todo esto es fácil de entender pero ciertamente difícil de aplicar; entre otras cosas porque con frecuencia esperamos demasiado de los otros o por el contrario, nos parapetamos en nuestras murallas de protección seguros de que nadie nos dará una dosis de afecto, calidez, confianza, atención, amistad y amor con genuino desprendimiento.
El secreto de la vida está en buscar equilibrio y armonía entre todo aquello que laboral, familiar y socialmente se espera de nosotros y lo que aspiramos a encontrar en nuestro interior —con una necesaria dosis de egoísmo— para lograr vivir este efímero paso con lo mejor de nosotros mismos; que al fin de cuentas, es también lo mejor que podemos ofrecerles a los demás.
En medio de las frenéticas carreras de estos días, usted podría pensar que no es el mejor momento para disquisiciones sobre la vida. Pero quizás estas cavilaciones nos ayuden a valorar en su verdadera dimensión la alegría de estar juntos sin enfocarnos más que en la buena oportunidad que significa vivir una Navidad más con aquellos seres con quienes nos unen lazos de amistad y amor verdadero.
¡Feliz Navidad!