Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 17 Marzo, 2014

La solución es muy conocida: más y mejor educación


¿Empresarios o trabajadores frustrados?

El 6 y el 7 de marzo el Banco Central se unió a LACEA (Asociación de Economistas de Latinoamérica y el Caribe), BID y BM para efectuar en San José el “XVII Seminario en economía y finanzas internacionales” que realiza la Universidad Torcuato Di Tella.
Me interesa destacar las diferencias que se presentaron entre empresariado, trabajadores y empresas en América Latina y en Costa Rica, frente a los países desarrollados.
Los datos son contundentes: En América Latina y en Costa Rica (aunque los números son menos extremos) la proporción de empresarios en la población es mucho más alta que en economías desarrolladas, y la proporción de trabajadores formales es mucho más baja. ¿Pero responde esto a un mayor emprendimiento? No.
La mayoría de los que en Costa Rica aparecen como empresarios son en realidad trabajadores que no encontraron ocupación formal y deben ser cuentapropistas para poder con muchas dificultades y riesgos ganarse la vida.
Si este sector se separa de los empresarios, los números nos indican que en Costa Rica un 3,1% de la población económicamente activa (PEA) son empresarios, frente a un 3,3% en EE.UU., pero solo un 70,6% son trabajadores asalariados frente a un 80,4 en la nación del norte. La diferencia radica en que mientras ellos tienen un 6,1% de cuentapropistas nosotros tenemos un 17,5%.
Las empresas en EE.UU. son mucho más grandes. Mientras en Costa Rica los empleadores de más de diez trabajadores son 9%, en EE.UU. son un 31%. Además crecen mucho más en EE.UU. Esto ocurre también en los países grandes de América Latina.
¿Por qué?
Dice un estudio de CAF (Corporación Andina de Fomento, un banco de desarrollo latinoamericano): “ante la falta de oportunidades de empleo en el sector productivo formal, una importante porción de individuos con relativo bajo talento empresarial deciden abrir pequeños negocios que no solo les generan ingresos bajos e inestables, sino que les impiden acumular capacidades y aptitudes laborales, por lo que el potencial de transitar hacia un empleo en el sector formal se reduce con el tiempo. En este contexto, esta gran cantidad de microempresas se convierte en un importante obstáculo para el surgimiento de nuevas empresas transformadoras y el crecimiento de las ya existentes, pues no existiría la mano de obra necesaria en caso de que estas se expandieran a tasas elevadas”.
Esta composición de la PEA afecta la productividad de la economía, y por consiguiente el nivel de bienestar. Además solo un 25% de los cuentapropistas tienen habilidades empresariales que les permitirían desarrollarse como exitosas microempresas y crecer. Un 56% tiene características similares a los trabajadores asalariados informales y no a los trabajadores formales, lo que determina una baja satisfacción económica.
De los diversos factores —muchos institucionales— que producen este resultado el más impactante —a mi parecer— es la falta de educación. Los cuentapropistas no tienen puestos asalariados por falta de educación y las empresas no crecen porque no consiguen ni gerentes ni trabajadores formales de operación con la formación suficiente.
La solución es muy conocida: más y mejor educación.
 

Miguel Ángel Rodríguez