Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 20 Febrero, 2013

No se trata de que ahora la política se ensució. Es que ahora es más visible lo que siempre ha sucedido. Y eso es bueno para la democracia cuando logramos ventilarlo de cualquier modo


Hablando Claro

El señor diputado

Desconozco a la mayoría de las y los diputados. Siendo periodista cualquiera diría que ya estoy demasiado vieja, no me mantengo al día de las nuevas generaciones del recambio político y no me preocupo por ahondar en el conocimiento de quiénes son ellos, sus propuestas y su trabajo. O simplemente que hay decenas de políticos que pasan por un cargo sin llegar a conocerse de sus tareas. Lo cierto es que por estos días recibo noticias del diputado Rodrigo Pinto a quien hasta pudimos ver bailando animadamente con la Presidenta de la República en un acto proselitista. El legislador Pinto Rawson encabezó la papeleta oficialista de Limón. Apuesta segura. Ese cargo siempre sale. No supe de ninguna propuesta o acción suya en tres años hasta que se resbaló en su propia cáscara: contó cómo pretendió exigirle a la mandataria (de quien se declaró siempre leal, aunque no retribuido) que dejara como gerente de Puertos de JAPDEVA a un amigo suyo por seis años más. Pinto estaba seguro que era cuestión de pedirlo y se le concedería. Para eso puso en campaña alma, vida y corazón…y por supuesto, plata.

Pero he aquí que vino la puñalada. Aunque él contaba que su hasta entonces discreta pretensión se cumpliría, otro funcionario que sí obtuvo el aval de la Presidenta fue nombrado en el cargo. Así que con la justa razón de su corta perspectiva política y en prístina señal de protesta por el agravio, el indignado legislador renunció por unas horas a su cargo. Cuando apenas corría la noticia y no se sabía a ciencia cierta quién sustituiría tan irreparable pérdida, el señor diputado fue llamado a cuentas por el candidato presidencial —que ahora es quien manda en la bancada de gobierno— y le pidió un sacrificio más por la Patria. Sobra decir que eso fue suficiente para que renaciera en don Rodrigo la ilusión perdida de mantenerse en el Congreso, por lo que obviamente retiró la dimisión.
…La política con mayúscula (como les gusta decir a algunos) debiera ser el arte de la negociación de los intereses de las mayorías. Debiera. Pero en realidad la política aquí, en todo Latinoamérica y de seguro en todas partes (y desde los tiempos de Nabucodonosor agregaría el politólogo Constantino Urcuyo) es un toma y daca, donde se entrelazan con extrema facilidad el trueque de mis favores con la retribución de los tuyos. En este caso, de mis votos o gestiones obedientes con tu gratificación. Es decir, de nobles propósitos y de fines no tan loables. Las transacciones políticas son lo que son; incluyendo las peticiones de las pequeñas, pequeñísimas y microscópicas parcelas del poder. No se trata de que ahora la política se ensució. Es que ahora es más visible lo que siempre ha sucedido. Y eso es bueno para la democracia cuando logramos ventilarlo de cualquier modo. Y si no me cree, le recomiendo leer “La Soda y el F.C: Biografía de una partida específica” escrito en 1983 por el maestro Alberto Cañas. Y otro día conversamos sobre el “Walterleak”.

Vilma Ibarra