Juan Carlos Pérez

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Sábado 22 Septiembre, 2007

El PAC en su laberinto
Juan Carlos Pérez Herra


Nadie duda que el objetivo de un partido político sea la obtención del poder para canalizar las demandas e intereses de los grupos que representa. Sin embargo, en esta dinámica, la capacidad y visión del líder o los líderes, es determinante para lograr las metas, mantener el posicionamiento entre su base electoral, responder con altura a los desafíos de carácter nacional y asegurar, dentro del respeto a la institucionalidad del sistema democrático, la permanencia de la agrupación en el escenario de la política.
Olvidar lo anterior es conducir a una agrupación de este tipo hacia la inanición y, con ello, al debilitamiento del sistema de partidos políticos, cuya vitalidad depende del vigor, audacia y el norte que estas organizaciones impriman en la Asamblea Legislativa.
Razón por la cual, no pueden pasar desapercibidas las declaraciones del líder supremo del PAC y de su jefa de fracción en el Congreso, durante esta semana, sobre la línea a seguir para después del referéndum del próximo 7 de octubre, en el caso de que triunfe el “Sí”. En términos muy claros, de resultar victoriosos los simpatizantes del TLC, afirman los jerarcas de este partido, lo que continúa es una oposición férrea a la llamada agenda paralela que contiene los proyectos de ley necesarios para certificar la aceptación final de Costa Rica en el Cafta.
Es importante recordar que el PAC nació como respuesta a la necesidad de una tercera fuerza política, producto del desgaste experimentado por el bipartidismo reinante durante los últimos 20 años. Y, sobre todo, por los problemas éticos que se generaron a raíz de los contubernios entre el PLN y el PUSC, durante las décadas de 1980 y 1990. Desafortunadamente, lo que fuese el principal estandarte para la acción política de dicha organización, la ética en la función pública, ha sido desplazado por los intereses de los sindicatos estatales y una serie de compañeros de viaje de la extrema izquierda que, aprovechando la discusión sobre el TLC con Estados Unidos, se han apoderado de ese partido político.
Lo anterior está radicalizando peligrosamente al PAC y desvirtuando su verdadero foco de atención, entre ellos: la transparencia en la gestión pública y un norte programático viable y digerible para la base social que, inicialmente, creyó en su mensaje. Hoy, lo que impera en esa agrupación política es una mezcolanza de intereses atascados en el corto plazo, inspirados por el protagonismo vacío y espurio que conduce al peligroso debilitamiento de la institucionalidad del país; curiosamente, en medio del primer ejercicio de democracia directa que tanto han reclamado los que invocan el poder de la acción ciudadana.
En este sentido, inevitable es recordar que los vicios y contradicciones denunciadas como inaceptables en otros grupos políticos por el PAC, ya comienzan a socavar su legitimidad, revelando de paso que, tanto organizaciones políticas como “líderes iluminados”, no están libres de las terribles tentaciones que esconde el camino hacia el poder, entre ellas, la máxima maquiavélica: el fin justifica los medios.

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