El ladron y los vitrales
Enviar

El ladron y los vitrales

 

Una noche ocurrió que un ladrón quedó encerrado en la iglesia de la Soledad, en San José. Con un palo, el hombre empezó a golpear los vitrales tratando de salir por ellos.

Destruyó tres de esas hermosas obras que llenan de una luz especial el interior del templo.

Sin embargo, no pudo huir. Él no sabía que los vitrales tenían una malla que impedía el paso.

Este lamentable hecho tuvo sin embargo un lado positivo: inspiró, al padre Carlos Humberto Rojas Sánchez, de esa iglesia, a iniciar la ardua tarea de recoger dinero, obtener los permisos del Ministerio de Cultura (la iglesia de la Soledad fue declarada Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica en 1999) y comenzar la restauración del templo, incluidos, por supuesto, los vitrales. Hacía falta también reforzar la estructura del edificio.

Pero esto no quedó ahí, sino que el sacerdote se las ha ingeniado para obtener fondos e ir restaurando poco a poco el resto de vitrales, por medio de la restauradora Silvia Escalante de Laks, una de las pocas especialistas y profesionales en este arte que hay en el país.

Una cálida y emocionante paz, una sensación de bienestar y elevación del espíritu, invade a quien se deje abrazar por la luz de unos vitrales. Un ejemplo bastante conocido, los de la Catedral de Notre Dame, en París, Francia.

Tan valiosos y admirados estos que durante la Segunda Guerra Mundial fueron desmontados y ocultados para evitar que los dañaran los bombardeos alemanes.

Hoy es posible también tener algo de ese ambiente que genera la luz de unos preciosos vitrales, como parte del diseño de una casa que bien puede incluirlos elaborados con la misma técnica de entonces.

En Costa Rica, hay quien los hace. En el taller de Silvia Laks, por ejemplo, no solo se hacen por encargo para nacionales y personas en el exterior, sino que se forma a jóvenes que han sentido la vocación por diseñar y construir vitrales.

En ese taller tienen 30 años de restaurar y hacer diferentes tipos de vitral, con diversas técnicas. Han restaurado los de la Basílica del Ángeles (Cartago), nueva Catedral de Limón, las iglesias de San Rafael de Heredia, de Palmares (Alajuela), de Grecia, de Santa Teresita (San José), entre muchas otras.

Pero también han creado vitrales no litúrgicos para edificios, residencias, hoteles e instituciones.

Pero a quien no le atraiga la idea de vitrales en las paredes de su casa u oficina, quizás quiera adquirir una lámpara Tiffany, que creará un maravilloso embeleso donde sea que se ubique.

El famoso joyero Louis Tiffany (1848 – 1933) fue un diseñador industrial estadounidense asociado con el movimiento art nouveau (arte nuevo, libre, moderno que adquirió diversos nombres en diferentes países) y creó una nueva técnica para la elaboración de vitrales. Sus lámparas son famosas en el mundo.

Pero ya sean los antiguos, tradicionales vitrales, o un Tifanny en una puerta de su casa, hará de su ambiente algo diferente, cautivador.

Y si quiere darse una vueltita por la iglesia de la Soledad, podrá disfrutar la luz de sus hermosos vitrales y apreciar los trabajos de restauración.

 

Editores jefes: Carmen Juncos y Ricardo Sossa / [email protected][email protected]

 

Ver comentarios