Nuria Marín

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Lunes 5 Julio, 2010


Creciendo [email protected]
El fantástico Harry Potter

Estoy convencida de que incluso a J. K. Rowling, una de las mentes más imaginativas e innovadoras de la última década le resultaría difícil de anticipar que el mundo de Hogsmeade se haría realidad mediante un parque temático en Orlando Florida, tan solo diez años después de la salida a la venta del primer libro de Harry Potter.
Atrás quedaron los difíciles años de pobreza y de rechazo, de escribir en baratas servilletas de papel en tiempo robado a un trabajo que no era lo suyo pero que necesitaba para pagar las mensuales y apremiantes facturas en su condición de madre sola.
Esta brillante autora británica derrumbó uno a uno paradigmas tan grandes como las montañas del Himalaya con el éxito obtenido por los libros que narran las aventuras del joven aprendiz de mago Harry Potter y sus amigos Ron Weasley y Hermione Granger en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Su éxito ha sido contundente. Los récords de venta en el mundo en más de 60 idiomas hablan por sí solos. Lo increíble además es que lo hizo en dos categorías por tradición de bajo perfil en el mundo literario, el género fantástico y la literatura infantil. Igualmente derrumbó el mito de que niños y jóvenes no estarían dispuestos a apreciar obras con largas extensiones.
Convencida de las bondades de la lectura, para mi generación de padres y madres fue un verdadero deleite presenciar en primera línea a una nueva camada de ávidos y fanáticos lectores que simplemente devoraba los cientos de páginas que narraban prolífica y generosamente una aventura más de Potter.
Difícil de olvidar las amplias discusiones sobre si el nuevo libro llenaba las expectativas, el cómo y cuándo sería la próxima entrega, las largas horas de espera incluso a altas horas de la noche del día del lanzamiento mundial, y las bulliciosas filas para adquirir el próximo tesoro de hazañas y aventuras.
Gracias a Harry, J. K. Rowling es hoy una mujer de renombre mundial e ingresos millonarios que la convierten en una de las personas más ricas de todo el planeta. Estos logros palidecen sin embargo a su más importante contribución: despertar en toda una generación de niños y jóvenes el amor por la lectura y con ello ganamos todos.
El hábito de la lectura, además de su rol lúdico, es una valiosa herramienta en el desarrollo emocional y cognitivo. Además estimula la imaginación y la creatividad. Está además demostrado que ayuda a una mejor comprensión y desempeño educativo y opera como una poderosa vacuna contra ese mal que es la deserción.
En momentos en que el país se debate en cómo estimular este importante hábito, es válido recalcar nuestro importante papel como padres y madres a quienes nos corresponde desde muy temprana edad acompañar a nuestros hijos e hijas en ese inagotable y mágico mundo de sueños y aventuras que nos brindan los libros.

Nuria Marín