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El derrame del Golfo de México

Nuria Marín [email protected] | Lunes 28 junio, 2010



Creciendo [email protected]
El derrame del Golfo de México

Uno de los grandes retos del siglo XXI es el tema de la energía. Vivimos en un mundo donde la oferta y la demanda son dependientes de la volatilidad de la economía global, la geopolítica, los conflictos, los fenómenos naturales así como la creciente tensión entre el crecimiento y la sostenibilidad. Esta es la conclusión del valioso estudio realizado por Ernst & Young: Global Megatrends, 2009.
Así, la reciente explosión y hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México se convierte en un lamentable pero revelador ejemplo de cómo peligrosos ingredientes provocaron uno de los peores desastres de la historia.
La búsqueda por asegurar fuentes de petróleo al menor precio que saciaran el voraz apetito de la economía y flotilla mundial desarrolló una nefasta dinámica de riesgo por una parte, y por la otra, una permisiva e inexplicable laxitud de las autoridades reguladoras y de gobierno aseguraron la fórmula del desastre, el cual finalmente sucedió.
El fallo en la regulación sacrificó la seguridad y vida de los trabajadores, 11 de los cuales fallecieron. La falta de exigencia y verificación de procesos de prevención y la carencia de capacidades para hacerle humana, técnica y tecnológicamente frente al problema de manera expedita ha imposibilitado resolver la crisis de manera expedita y eficientemente.
Y por ello sufrimos todos. Las consecuencias del derrame son difíciles de cuantificar y sus efectos son igualmente complejos de dimensionar en el tiempo. En lo inmediato, el pelícano como símbolo de la tragedia es una de miles de especies a las que se les ha afectado por años su hábitat natural.
La industria pesquera ha sufrido un duro revés y en un solo zarpazo ha desaparecido como medio de subsistencia dejando a miles a la deriva en una economía que recién se levanta de una de las peores crisis.
El turismo, actividad vital en Florida, Luisiana, Alabama y Mississippi, verá cómo la mejor época del año se esfuma y los efectos en la industria inmobiliaria, ya de por sí deprimida por la crisis, son difíciles de anticipar.
El desastre ha creado una importante fuente de fricción entre Estados Unidos y el Reino Unido. La British Petroleum, otrora icono de orgullo nacional como la más grande y una de las más exitosas empresas británicas, ha pasado de heroína a villana, despertando con ello el enojo que raya a veces en xenofobia.
Para rematar, fondos de pensiones a ambos lados del Atlántico son importantes accionistas de BP (39% y 40% respectivamente) y la caída del valor de las acciones, la suspensión del reparto de dividendos y los futuros litigios podría significar para miles postergar el retiro o menores ingresos durante este.
Esta tragedia debe convertirse sin embargo, en un símbolo y punto de inflexión del dramático cambio global hacia un modelo de desarrollo en el que el crecimiento y la sostenibilidad sean inseparables compañeras de viaje en el camino hacia la prosperidad.

Nuria Marín

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