Una de las principales noticias en el mundo de la tecnología durante estos meses, fue el accidente fatal de un vehículo autónomo de Tesla Motors. Los principales medios en línea lo catalogan como "la primera víctima mortal en un vehículo en el modo de auto-conducción".

Los proyectos para automóviles autónomos datan de los 80s, pero hasta ahora la tecnología nos está permitiendo lograrlo con cierto grado de confianza. Para llegar a que un vehículo se conduzca solo, se requiere tecnología de punta como sensores avanzados y visión computarizada.

Con respecto al accidente con el Tesla S, el piloto automático viene deshabilitado por defecto, y requiere de la explícita aprobación del usuario activarlo, inclusive indica que es una característica en Beta público (aún no liberado completamente) junto con las siguientes notificaciones:

“Esta característica es una función de asistencia que requiere que usted siempre mantenga sus manos en el volante todo el tiempo".

"Usted debe mantener el control y responsabilidad por el vehículo".

Para finalizar con el contexto anterior, según Tesla, el accidente se dio cuando, en una carretera dividida, un camión condujo en manera perpendicular al vehículo, por esto, ni el conductor ni el vehículo pudieron diferenciar el tráiler blanco del cielo, y al acercarse la colisión el Tesla S no activó los frenos.

Ahora, volviendo al título de la entrada, "El miedo de la tecnología al rechazo público". Los avances tecnológicos que realizan muchas compañías hoy en día, son los primeros pasos para un mejor futuro. Sin embargo, por esto mismo, cargan con un enorme peso en sus espaldas, no solo por la posibilidad de fallar, sino, por el posible rechazo público a la tecnología, lo que podría inclusive llevar a leyes que limiten el avance de esta tecnología.

Así como el Apolo 11 requirió de múltiples intentos fallidos para llegar a la luna, en los cuales hubo damnificados, los vehículos autónomos tienen y tendrán sus fallos. Sin embargo los posibles beneficios de vehículos que se conducen solos, son incalculables a este punto.

Esta tecnología es tan revolucionaria que inclusive después de este incidente, la cantidad de kilómetros que tomó para que se diera un accidente en carretera es contundentemente superior a los que actualmente hay sin la tecnología en juego (estadísticamente hablando).

Lo primero que muchos tecnólogos pudieron pensar fue "la prensa hará añicos a Tesla por el incidente", "el público se mostrará aún más escéptico", "existirá un rechazo, y por ende, una disminución en la velocidad de avance de la tecnología".

Sin embargo, volviendo al ejemplo del Proyecto Apolo, así como el accidente del Apolo 1 no frenó la misión de colonizar la Luna, este lamentable hecho tampoco lo hará con los vehículos autónomos.

Las redes sociales son un gran medio para medir la percepción general del público ante un hecho tan polémico. Y la reacción de las personas ante este hecho es, hasta cierto punto, sorprendentemente soportiva. Muchos importantes medios como The New York Times, Washington Post, AJ+, Blommberg y USA TODAY publicaron al respecto, en los cuales, basta con observar los comentarios más aceptados por los lectores (gracias al algoritmo de ponderación de comentarios de Facebook).

Cuando se considera algo como el conducir un vehículo de manera cotidiana como algo normal, se pierde la perspectiva de lo que realmente implica conducir un vehículo. Y se vuelve normal ver muertes en carretera de manera diaria. La tecnología viene a cambiar el mundo, tiene el potencial para hacerlo, y ha demostrado históricamente que lo hace. Los vehículos que se conducen solos son un gran ejemplo de esto. Esperemos un futuro en el cual un arma del calibre de un vehículo no esté en manos del público en general, que los automóviles sean autosuficientes (así como muchos trenes ya lo hacen a nivel mundial) y dejemos de ver las muertes en carreteras como algo del día a día.

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