Por Ana Thomas, Directora de Estudio, Gensler Guanacaste.

Hace un año, en Gensler decidimos dar un paso valiente y emocionante: abrir una operación en la provincia con mayor dinamismo y desarrollo de Costa Rica. La apuesta era clara, convertirnos en una firma local, verdaderamente enraizada en Guanacaste, capaz de entender su contexto único, sensible a sus retos y comprometida con aportar al desarrollo sostenible de la Región Chorotega. Y no solo desde el escritorio o las reuniones virtuales, sino desde la vivencia directa, integrando en nuestros proyectos la cultura, las costumbres, el clima, el paisaje y, sobre todo, la realidad de las comunidades guanacastecas.
Hoy, mirando hacia atrás, podemos decir con certeza que fue un acierto. Antes de abrir la oficina ya trabajábamos en proyectos de la región, pero algo nos faltaba: el conocimiento profundo que solo se obtiene habitando un lugar, recorriéndolo a diario y conversando con su gente. En este año, hemos pasado de ser “los que vienen de San José” a ser parte activa de una región tan próspera como compleja.
El desafío de habitar Guanacaste
Doce meses después, nos hicimos una pregunta fundamental: ¿cómo es realmente vivir en Guanacaste? No hablamos de pasar un fin de semana o de turistear, de comer un ceviche frente al mar o ver atardeceres que parecen pintados. Hablamos de la experiencia completa, del día a día. Buscar vivienda, hacer mercado, movilizarse, llevar a los hijos a la escuela, ir al médico, salir a caminar. De ese vivir que va más allá del hecho físico de ocupar un espacio y que se conecta con la calidad de vida, las oportunidades, la movilidad, los servicios y, en última instancia, la posibilidad de construir comunidad con sentido de pertenencia.
La respuesta corta: vivir en Guanacaste es un reto. Por un lado, la provincia ha experimentado un crecimiento acelerado, impulsado principalmente por el turismo y la inversión ligada a este sector. Cantones como Liberia, Santa Cruz, Nicoya y Carrillo superan los 50 mil habitantes, pero gran parte de esa población no vive directamente en la zona costera, donde el desarrollo se concentra en el turismo, y los precios se disparan.
Se estima que alrededor del 20% de las viviendas de Guanacaste están deshabitadas, y de las que sí están ubicadas en la franja costera, cerca del 60% tienen uso turístico. Esto deja menos opciones accesibles para las personas que buscan establecerse, trabajar y formar una vida estable. El resultado es un incremento sostenido en los precios de alquiler, que hace que encontrar una vivienda digna sea casi como perseguir un unicornio. Imaginemos a un profesional joven, con un solo ingreso, intentando mudarse para trabajar aquí y hacer vida, no solo enfrenta costos altos, sino también pocas alternativas cerca de servicios básicos, cultura o espacios públicos.
Ahí entra el verdadero reto, y también la oportunidad desde el diseño, crear proyectos que inviten a esa vida que todos queremos. Diseñar lugares pensados para las personas y no solo para las postales; proyectos caminables, donde todo lo esencial esté a un máximo de 20 minutos: vivienda, trabajo, comercio, salud, cultura y espacios de recreación. Diseñar comunidades que celebren la diversidad y la inclusión, donde diferentes generaciones, orígenes y realidades puedan encontrarse y compartir. Diseñar espacios que prioricen el bienestar físico, emocional y social, ofreciendo parques, aceras amplias, zonas verdes y lugares de encuentro.
Además, diseñar proyectos que respeten y conserven el medio ambiente: que utilicen recursos de forma responsable, que protejan el agua, la biodiversidad y que dialoguen armónicamente con el paisaje único de Guanacaste. Porque diseñar no se trata solo de levantar edificios, se trata de imaginar y construir una provincia sostenible económica, social y ambientalmente, donde todos podamos vivir bien, ahora y en el futuro.
Este año, Guanacaste nos ha recordado que lo que realmente construye comunidades vivas y resilientes no es solo el concreto ni los planos, sino la vida que florece dentro y alrededor de ellos. Diseñar para esa vida, esa belleza cotidiana y real, es el reto más grande y también el más bonito que tenemos por delante. Y ahí queremos seguir aportando, aprendiendo y cocreando una Guanacaste que se viva plenamente.