Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 16 Diciembre, 2016

“Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, que ha de ser objeto de toda legislación, se encontrará que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, sin la cual la libertad no puede existir.
Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes de la humanidad”. Juan Jacobo Rousseau

Sinceramente

El liberalismo. ¡Revolución de la libertad!

¡Neoliberal! Así muchos de la izquierda insultan a quienes creen en la libertad, en la igualdad y en la fraternidad. ¡Neoliberal! Este insulto dicho por quienes no creen en estos valores, procura descalificar a quienes piensan en la libertad del individuo. ¡Neoliberal! Se ha convertido en el calificativo de quienes adversan libertad y democracia, fraternidad y derechos, igualdad y propiedad privada.
En épocas pasadas y siniestras, cuando la libertad no alcanzaba al ser humano y en el mundo había esclavitud y servidumbre, cuando el rey era dueño de todo, de vidas y de haciendas, surgió la revolución de la libertad del hombre. El liberalismo desató una lucha generalizada contra el despotismo, alcanzando la liberación del hombre de las cadenas a las que estaba sujeto. Los hombres fueron creados iguales y dotados de libertad, manifestaban los liberales. Igualdad, libertad y fraternidad decían los revolucionarios franceses en contra de la nobleza y sus privilegios hereditarios de sangre.
En tiempos oscuros y pasados, cuando no había leyes codificadas y la voluntad del monarca era la ley, cuando las leyes podían ser de carácter retroactivo y el sistema legal estaba diseñado para ejercer el despotismo, el ser humano se rebeló ante aquel estado de cosas. Era una sociedad sin división de poderes, el rey era ejecutivo, legislativo y judicial. Fue el liberalismo la corriente de pensamiento que condujo todas las respuestas a las inconformidades del ser humano, transformándolo de un mero objeto a un ser digno y dotado de derechos.
En momentos sangrientos y opresores, cuando no había derechos humanos ni derechos civiles garantizados a las gentes y todos eran considerados culpables de cualquier acusación y se debía probar la inocencia propia y no el que acusaba la culpabilidad del indiciado, surgió la revolución liberal, una revolución liberadora de las fuerzas del espíritu, de la economía, de las ciencias y las artes. Esta revolución daría igual dignidad a todos, iguales derechos a todos, eliminaría primogenituras y títulos y dignidades hereditarias con carácter oficial. Las castas derivadas de la sangre fueron abolidas. El esfuerzo propio llevaría al ser humano a sus límites de desarrollo sin limitaciones de títulos hereditarios.
El ser humano carecía de propiedad privada, las tierras eran propiedad de la corona y a su vez de quienes habían sido beneficiados por esta, valga decir los nobles y la iglesia. Los habitantes de un reino alquilaban la tierra y construían sobre tierra alquilada. El dueño de la tierra determinaba el alquiler, tómelo o déjelo. Los comunes soportaban la carga, la injusticia, la opresión, la ausencia de derecho, la ausencia de libertad. El liberalismo sentó el concepto de que nada ni nadie puede esclavizar al ser humano y que todo lo que le limite en su pensamiento, en su trabajo, en alcanzar sus ambiciones debe ser eliminado.
Los gobernantes no se elegían. El título de gobernante se heredaba y claro está emanaba de Dios. Coronados por los representantes de Dios, los reyes y monarcas, símbolos del despotismo, gobernaban por el plazo de su propia existencia y eran sucedidos por sus hijos y nietos. Los gobernantes no se elegían, solo se aceptaban o se sufrían hasta que la vida acabara para gobernados o gobernantes. El liberalismo impuso las normas para que los pueblos eligieran, los partidos y asociaciones se constituyeran, la libertad de palabra y pensamiento rigiera. Con el liberalismo se acaba el despotismo.
Sin tener propiedad individual, sin poder elegir a los gobernantes, teniendo que luchar contra conceptos de presunción de culpabilidad, el despotismo fue una época oscura. Entonces surgió el más poderoso movimiento intelectual de la época, señalando que la libertad era consustancial al hombre, que el hombre tenía el derecho de elegir a sus gobernantes y cambiarlos, que un ser humano tenía derechos por el solo hecho de nacer y que los ciudadanos de un país estaban rodeados de derechos civiles que les daban la posición robusta y libre en la convivencia social. El liberalismo dejó claro que libertad política sin libertad económica no era libertad. Que la independencia económica generaba libertad.
El liberalismo realmente generó la libertad y la igualdad ante la ley que el mundo moderno percibe como algo natural, como las estrellas en la noche, como los albores o los celajes. Libertad e igualdad se constituyeron en la base del nuevo orden político y administrativo que derribó al antiguo régimen absolutista. Sus principios perduran por ser cercanos a la naturaleza del hombre y una filosofía de vida altamente apreciada, aunque otros reyes sin corona han llegado a remplazar a aquellos del pasado con impuestos, despotismo y limitaciones a la igualdad, la libertad y la fraternidad. Los propósitos permanecen ya que los enemigos de la iniciativa individual y de la libertad continúan presentes y activos.

Emilio R. Bruce
Profesor
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