Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 23 Octubre, 2017

El escándalo del INA

El título de esta columna y la necesidad de escribirla surgen de la lectura del magnífico artículo del pasado 15 de octubre de Velia Govaere Vicarioli en La Nación.

Ciertamente la situación del INA es de preocuparse profundamente, y amerita que de ella nos ocupemos todos los interesados en el bienestar de nuestros jóvenes y de todos los trabajadores.

En enero de 2015 comenté el informe de la Contraloría General de la República del 16 de diciembre de 2014 sobre la gestión del INA en sus programas de formación y capacitación que determinaba:

Primero, que no se cumple con el objetivo de preparar trabajadores en los campos necesarios para promover una mayor productividad.

Segundo, que no se capacita el número necesario de técnicos.

Tercero, que tampoco se cumple con el objetivo de seleccionar los estudiantes para disminuir la pobreza.

Y concluía yo que, por la importancia del tema, ese informe de la Contraloría debería merecer la atención del Gobierno y las autoridades del INA para corregir esas graves debilidades. De lo contrario se perderán recursos esenciales para disminuir la pobreza y aumentar la productividad.

En julio de 2017, 32 meses después del Informe de la Contraloría que debió haber movido al INA, al Poder Ejecutivo y a los sindicatos y cámaras empresariales que conforman su directiva a la inmediata acción, se presenta un acuerdo del INA con la OIT para preparar un proyecto para la Modernización de la Formación Profesional en Costa Rica.

Y en ese proyecto (www.ina.ac.cr/modernizacion.pdf) la OIT afirma:

“Pese al elevado presupuesto institucional, la infraestructura, los recursos humanos y la amplia misión institucional, la definición y entrega de servicios que efectúa el INA en la actualidad no se adecúa de la mejor manera a las demandas de los sectores productivos del país.

El estudio Escasez de Talento Humano (Manpower, 2016/2017) señala que el 35% de los empleadores costarricenses consultados asegura no encontrar profesionales idóneos para desempeñar las tareas que requiere su empresa. La causa principal, según los contratistas, es la falta de experiencia y carencia de competencias técnicas. Para atender esta situación, 53% de los empleadores está capacitando por su cuenta y desarrollando a los empleados existentes para cubrir sus vacantes.

Paradójicamente, la cantidad de personas egresadas del INA se ha ido reduciendo con el pasar del tiempo… se pasó de 51.349 personas egresadas en el 2009 a 30.919 en 2016”.

Entre más técnicos medios y obreros especializados requiere el país, menos prepara el INA.
Pero además no los prepara en los campos que la producción actual demanda.

Dice ese mismo documento de la OIT: “Por otro lado, en la actualidad la oferta formativa del INA se caracteriza por una predominancia de módulos formativos que no generan empleabilidad frente a un bajo porcentaje de programas de formación técnica”. Y añade: “Las personas egresadas de programas de formación inicial experimentan una baja inserción laboral: de la población que no trabajaba antes de la capacitación, el 39,4% logra insertarse al mercado laboral, pero solamente un 24,6% en un área afín a su rama de estudio”

Como en la introducción a su importante artículo señala la señora Vicarioli coordinadora del Observatorio de Comercio Exterior de la UNED: “Lo nuestro son buenas intenciones, no cabales y eficaces ejecuciones.”

Esta situación es de verdad escandalosa. Tenemos desde hace varios años una tasa de desempleo altísima en relación a la experiencia nacional y la más alta de Norte y Centroamérica. Para disminuir la pobreza y la desigualdad debe crearse más empleo formal. Y eso demanda aumentar la demanda por trabajadores especializados y técnicos medios. Pero eso no basta. Se requiere aumentar la oferta de ese tipo de trabajadores.

Que ESCÁNDALO, con todos los recursos el INA no lo ha hecho. Y tampoco hemos adaptado la educación secundaria técnica a las demandas actuales ni hemos relacionado a sus estudiantes con las empresas.