El dios Hermes mira a los Ticos
“La gente del pueblo veía el establecimiento del telégrafo como perjudicial y diabólico, razón por la que destruían los postes y cortaban el alambre”, según Francisco Montero en “Elementos de historia de Costa Rica”.
Enviar

Asombrosos secretos, como un posible duelo a balas, encierra el hermoso edificio de nuestro “Correos de Costa Rica”, cuya fachada se conserva afortunadamente, dando hoy belleza al casco céntrico de la capital.
Por otro lado, su estilo arquitectónico muestra una interesante forma de sincretismo plasmado entre el concreto  y la escultura.
Como decíamos, hasta hubo un inminente duelo a balas entre José María “Billo” Zeledón, autor de la letra de nuestro Himno Nacional y Arístides Jiménez, sobrino del presidente de aquel momento, Ricardo Jiménez Oreamuno, por un supuesto acto de corrupción en la lucha por obtener la licitación para construir el hermoso edificio. Sin embargo, esos rumores de corrupción – causa de la amenaza de duelo - no fueron comprobados. Todo esto nos lo relata el investigador de historia arquitectónica, Andrés Fernández.
Desde 1849 se crea en Costa Rica la Administración General de Correos. En aquel momento se transportaban, apenas, tres libras de correspondencia al mes. Dos décadas más tarde, en 1869, se crea el servicio del telégrafo, manejado por la misma Administración.
La empresa denunciada por “Billo Zeledón” es “The English construction company Ltd.”, sin embargo, dado que las investigaciones no comprueban acto alguno de corrupción, es esa empresa  quién finalmente construye el majestuoso edificio que engalana la calle 2 y avenidas 1 y 3 de San José, bajo la dirección del arquitecto Luis Llanch, por un  monto de 27.114 libras esterlinas.
La edificación es una representación de la arquitectura ecléctica, “que combina distintos lenguajes plásticos, presididos por un riguroso orden geométrico, norma de la arquitectura neoclásica, siguiendo la simetría de la entonces escuela de Bellas Artes de París”, asegura Fernández, para quien la decoración y simbolismo son modernistas: predominan los lazos de flores y frisos.
En la parte superior de los torreones, está imponente la figura del dios mitológico Hermes, observando a los transeúntes. Hermes, “es el mensajero de los dioses, el intérprete de la voluntad divina, y también del comercio y de los ladrones. Velaba así mismo por los pastores y se le ha representado a menudo con un cordero sobre los hombros, figura que pasaría a la iconografía cristiana como la imagen del buen pastor” (Mitología griega, 2010).
El sello nacional, cuenta Fernández, se lo pondría el arquitecto Llanch sobre el arco rebajado que culmina el volumen del vestíbulo, donde custodiado por dos querubines, el “escudo de Costa Rica preside toda la composición”, asegura el investigador. La obra se concluye en 1917.
Poco después de ocurrida la Independencia y específicamente al integrarse Costa Rica a la República Federal de Centroamérica, la Constitución de 1824 señala en su artículo 69: “Corresponde al Congreso... abrir los grandes caminos y canales de comunicación y establecer y dirigir postas y correos generales en la República”.
Componían esta notable disposición gubernamental varios capítulos, cuyos títulos reflejaban por sí solos su contenido: de la  seguridad de la correspondencia, de tarifas de los conductores, de la llegada de los correos y de los certificados.
Resulta interesante señalar las tarifas establecidas.  Para la correspondencia del exterior, el cuadro tarifario inició de esta manera: sencilla, que no llegue a media onza, dos reales. Doble, de media y que no llegue a una onza, seis reales.  Pliego  de una onza, ocho reales. Cada onza excedente, tres reales cada una.
Inició así la comunicación escrita y telegráfica internacional para Costa Rica.

Carmen Juncos
Editora Jefa y Directora de proyectos
[email protected]



Ver comentarios