Shirley Saborío

Shirley Saborío

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Jueves 17 Mayo, 2018

Diálogo como pilar democrático

Las crisis económicas, políticas y sociales que observamos en Latinoamérica ponen en evidencia las fallas de los sistemas democráticos y la forma en que se manifiestan los descontentos de los diferentes grupos, lo cual genera que haya cada vez más desacuerdos y divisiones.

Nicaragua hoy nos recuerda con preocupación, lágrimas y sangre que la democracia y su institucionalidad son fundamentales para resolver los descontentos sociales. Que la democracia y las libertades, el respeto y la tolerancia, y por supuesto el diálogo son fundamentales para evitar crisis mayores.

Nicaragua hoy nos recuerda que no basta con la aparente voluntad temporal. Que es fundamental avanzar en la construcción de un sistema democrático que pasa por los partidos políticos sí, pero también por las organizaciones de productores, de trabajadores y de los jóvenes y demás grupos. Que es fundamental que nadie se sienta excluido y que se construyan las instituciones que sean garantes de la expresión de la mayoría. En este sentido, Costa Rica cuenta con el enorme desafío de modificar el reglamento de la Asamblea Legislativa para que se respeten las minorías, pero que esto no impida que las mayorías construyan. Esta es la esencia de la democracia, y aunque seguimos como país dando lección de solidez democrática, lo cierto es que siempre se puede mejorar.

En este sentido, la edificación de espacios donde a través del diálogo se puedan construir posiciones para el desarrollo del país y su consolidación democrática es motivo de satisfacción. Hoy Nicaragua clama para que haya observadores internacionales en el proceso de diálogo que está por iniciar y del cual se espera una salida rápida y sin violencia. Las pérdidas económicas y sociales del conflicto que casi cumple un mes son millonarias. Se habla de dos puntos menos del PIB de crecimiento económico para este año, decenas de empresas saqueadas, empleos perdidos, inversiones paralizadas y sectores en crisis. Y ni hablar de la creciente inseguridad que se vive en el país del norte. Esta dura realidad nos da cuenta de que no basta con querer que las cosas funcionen; hay que hacer que funcionen. Y lo cierto es que la construcción de los espacios se deben dar en tiempos de tranquilidad y no de guerra. Hoy la voluntad de algunos es mucha, pero también el temor y la inseguridad.

Nicaragua nos recuerda la importancia de mejorar las instituciones democráticas pensando en las generaciones que están por venir, y no en las que están hoy únicamente. También nos recuerda que las democracias consolidadas son aquellas con separación de poderes, y donde hay libertad, tolerancia, pluralismo, legalidad y diálogo.

Costa Rica cuenta hoy con una oportunidad de oro. Trabajar en fortalecer el diálogo entendiendo que no hay inversión privada duradera sin un clima de negocios aceptable y con una institucionalidad sólida; que no hay empresas sin trabajadores y que no hay trabajadores sin empresas; que el Estado requiere empresas vigorosas y trabajadores productivos; que las empresas requieren que la educación piense no en hoy, sino en mañana, y que ninguna democracia es sólida y sostenible si la pobreza, la desigualdad y la inequidad siguen en aumento. También es claro que ningún país avanza en medio de la inestabilidad económica y que esto es responsabilidad de todos. En buena hora un Consejo Económico y Social en Costa Rica, o ¿alguien en el país puede negar la importancia de dialogar? Estoy segura que nadie. En particular si al norte y al sur, tenemos imágenes que no inspiran, y si reconocemos que Costa Rica cambió y que es momento de dejar los egoísmos de lado para empezar a construir, porque fortalecer la cultura política democrática implica consolidar el diálogo como forma de hacer política.