Nuria Marín

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Lunes 26 Enero, 2009

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Desde Washington

Nuria Marín

En estos días Washington DC es una ciudad de contrastes. La crisis es una preocupación en la mente de todos, desde el trabajador del aeropuerto, taxistas, empleados de hotel o comerciantes. Todos aprovechan la presencia de millones de visitantes conscientes de que en pocos días la cuesta retornará. Pese a lo anterior, la nota predominante en el cambio de gobierno fue una abrumadora y poderosa sensación de optimismo.
Las tempraneras dianas de centenas de autos de seguridad marcaron el tono del día anticipando el desborde en emociones que millones de privilegiados sentirían a lo largo del día. Nada podía acallar la sensación de júbilo, ni siquiera las gélidas temperaturas.
Cómo describir los miles de rostros y expresiones de centenares cargados de un casi místico y energizante lenguaje de fe, esperanza y sentido de convicción al ser testigos de honor de una nueva página de reconciliación, respeto y tolerancia en la historia de Estados Unidos.
Se hicieron presentes, la maestra y sus estudiantes quienes se aprestaban a vivir la mejor clase de historia, el octogenario de ojos llorosos quizás el más consciente de la magnitud del momento, jóvenes extasiados por el triunfo de su candidato, mujeres celebrando la ruptura de otrora infranqueables barreras.

Blancos, hispanos y asiáticos, protestantes, musulmanes y cristianos, hombres y mujeres, niños y adultos mayores, convergieron todos en las calles de Washington para celebrar el histórico ascenso a la presidencia del primer afroamericano. En breves pero poderosas palabras de un emocionado padre a su hijo… “vive y saborea cada momento… hoy es una gran día para todos los americanos.”
Las coincidencias no son en vano. La celebración en días sucesivos de Martin Luther King Jr, y la llegada de Obama a la presidencia es la perfecta simbología de un pueblo que apostó por el cambio, por un esperanzador espíritu de reconciliación y por la construcción del liderazgo estadounidense en el mundo, fundamentado en valores y principios universales como el diálogo, respeto y mutua cooperación.
Como bien lo reconoce el nuevo presidente la tarea no será fácil. Los retos y desafíos por delante son complejos y las expectativas producto de la variedad de promesas son muy altas.
Es grato que mientras el mundo acompañaba al pueblo estadounidense, Costa Rica con gran orgullo estuvo presente. En el reconocimiento a dos extraordinarias mujeres, Laura Chinchilla y Clotilde Fonseca al lado de personas como Hillary Clinton, próxima secretaria de Estado, y Stephen Chu, Premio Nobel de Física y próximo secretario de Energía, se premiaban los esfuerzos y avances en tecnología que ha tenido nuestro país.