Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 29 Enero, 2014

No podemos comprender qué significa la decisión de no publicar los resultados de una encuesta tan relevante por las “circunstancias de esta elección”


Hablando Claro

Decisiones de publicación en campaña

En tanto el periodismo es el ejercicio de un servicio público inserto en un negocio privado, siempre ha planteado enormes disyuntivas y desafíos a los operadores de los medios de comunicación tradicionales.
En su día, el New York Times acuño la máxima de que “el buen periodismo vende”. Con ella, periodistas y dueños de medios pretendimos resolver una de nuestras eternas confrontaciones: nos casamos con la convicción de que podíamos hacer periodismo de calidad, apegados a nuestros códigos deontológicos, sin que ello implicara hacer votos de pobreza a los empresarios de la entonces llamada industria del papel.


Así florecieron —nunca exentos de forcejeos— los grandes emporios del siglo pasado. Hoy la historia discurre por otros cauces. Los medios se diversificaron en múltiples negocios para sobrevivir y se sigue especulando por cuánto tiempo más sobrevivirán.
Cuando un diario como La Nación adopta la sorprendente e inexplicable decisión de cancelar la publicación del último estudio de clima electoral a pocos días de la elección (pero dentro del margen habilitado por el órgano electoral) y cuando esa decisión se conoce por una filtración que llega a otro medio de comunicación (el Semanario Universidad) y cuando es imperioso decir algo al respecto, esgrime argumentos tan poco convincentes, algo malo está pasando con el ejercicio periodístico y sus reglas.
Algo que perjudica la confianza social (ya de por sí tan venida menos) y refuerza el papel del medio de comunicación como un actor político (que lo somos siempre) que se arroja potestades excesivas.
Eterno debate. ¿Nos corresponde informar a partir de los hechos y datos duros que recabamos o nos toca establecer hasta dónde debemos aplicar el principio básico de “el derecho del público a saber”?
No podemos comprender qué significa la decisión de no publicar los resultados de una encuesta tan relevante por las “circunstancias de esta elección”.
Es cierto que ya circulan hoy otras dos mediciones de clima electoral y que no se ha caído el mundo porque los datos de UNIMER queden sepultados para siempre.
Ese no es el punto. El punto es que los periodistas, desde nuestro ejercicio perenne de exigir transparencia y rendición de cuentas a todos los actores políticos de la sociedad democrática, deberíamos estar dispuestos a dejar en claro nuestras actuaciones.
Porque la honestidad profesional y la congruencia son las armas de la credibilidad de nuestro oficio. Las mismas que exigimos a nuestros políticos.
El país tiene muchísimos desafíos importantes que enfrentar como para escondernos y soslayar nuestras propias responsabilidades, restándoles siempre importancia a nuestros actos pero magnificando los de los otros.
Por supuesto que más allá de este o cualquier otro episodio de la campaña electoral, quiero invitarlos a votar el domingo con alegría y entusiasmo. Con todas sus falencias y debilidades, ¡nuestra democracia bien vale la pena!

Columnista
Vilma Ibarra