Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 16 Octubre, 2009


Cruel alegrón de burro

Habría que vivir en otro país, para poder ignorar el sufrimiento que dejó la Selección Nacional de Fútbol este miércoles ante Estados Unidos, y en especial la forma en que dejó escapar el boleto directo al Mundial de Sudáfrica 2010.
Ante todo, me uno al dolor que viven millones de costarricenses por este amargo resultado.
Pese a lo cruel de la situación, vale la pena recapacitar sobre esos elementos culturales que se acumularon y lograron pesar en este desgraciado resultado.
*Mentalidad calculadora
Tras el buen desempeño de la tricolor en la primera fase de la hexagonal final, algunos medios se aventuraron irresponsablemente a decir que solo nos faltaban cuatro puntos para clasificar. La dura realidad fue que los logramos, pero el Mundial nos quedó en una cola de venado en el repechaje ante Uruguay.
*Todo para último minuto
En el país es una costumbre dejar todo para el último momento, sin embargo en este caso el reflejo de esta mentalidad quedará grabado en la memoria colectiva, al recordar que pese al gol de Estados Unidos en el último minuto de reposición en el último partido, la clasificación se pudo haber logrado antes, si los mediocres resultados ante Honduras, México y El Salvador hubiesen sido distintos.
*Falta de consistencia
No es posible que Costa Rica lograra una excelente primera vuelta de la hexagonal final, alcanzando 12 de los 15 puntos, pero que en la segunda solo lograra cuatro. Un claro ejemplo de esta falta de consistencia fue el lamentable partido del miércoles, un primer tiempo magnífico pero el segundo daba pena.
*Golpes de timón
Un trabajo serio requiere una dirección constante y sistemática, de un proceso de principio a fin. Esto no solo es culpa de los jugadores sino de la inestabilidad de la Federación y sus constantes cambios de directores técnicos, decisiones que deberían ser tomadas con mayor seriedad.
*¿Para qué clasificar así?
Con el ejemplo de juego del segundo tiempo contra Estados Unidos, la pregunta es si vale la pena ir a un Mundial con un equipo que no está preparado para la presión y menos para proponer juego en lugar de simplemente encerrarse para evitar goles. El nivel de la competencia internacional requiere mayor calidad de fútbol, clasificar por clasificar no tiene sentido. Ir al Mundial para improvisar y defenderse en los primeros tres partidos carece de razón.
*Exceso de confianza
Por atenidos y suponer que jamás se perdería en el último minuto nos quedamos sin el preciado boleto. Es típico ver que tras anotar un gol a favor, la selección tiende a bajar la guardia y confiarse. Esta es una actitud crónica y la peor pesadilla sucedió.