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Viernes, 13 de diciembre de 2019



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Criptomonedas y banca: algunas notas sobre Costa Rica y el mundo durante este 2019

Juan Ignacio Guzmán [email protected] | Miércoles 13 noviembre, 2019

Al parecer, Bitcoin sigue siendo la moneda preferida de los primeros entusiasta

Durante el presente 2019 han sucedido algunos acontecimientos notables que agitaron la industria de las criptomonedas y avivaron a los entusiastas. Algunos de los más notables fueron la liberación del white paper de la criptomoneda Libra y la oficialización de otros detalles importantes sobre su funcionamiento y operatividad. Además, se reveló que – al parecer – será puesta en marcha el próximo año.

Libra es una stablecoin respaldada por Facebook y pertenecerá a la “Libra Association” la cual – hasta hace pocos días – contaba con el apoyo o auspicio de algunas de las corporaciones de mayor liderazgo a nivel mundial. Mastercard, Visa, PayPal, Ebay, Spotify y Uber se apuntaron con el proyecto, junto a otros 27 nombres más. No obstante, aunque se espera vincular a unos cien participantes adicionales que respalden el proyecto, es necesario mencionar que, durante el pasado mes de octubre, varios de estos stakeholders, por ejemplo, eBay, Visa, Mastercard, PayPal, Stripe, Mercado Pago y Booking, se retiraron de la iniciativa.

Esta decisión ha sido, no promovida pero, cuando menos, aplaudida – entre otros - por los ministros de finanzas de la Unión Europea, quienes se manifestaron escépticos y hostiles ante la noticia de la emisión de Libra y su posible uso en territorio europeo.

Tanto las empresas que se han bajado del proyecto, como las diferentes autoridades europeas, han dejado ver motivos regulatorios y, los segundos, la preocupación de perder el control o la soberanía sobre la emisión y la política monetaria regional.

Como un segundo punto relevante, en diferentes momentos del año el precio de Bitcoin volvió a repuntar y se apreció de forma considerable, lo que renovó las esperanzas de muchos sectores en esta moneda digital.

Al parecer, Bitcoin sigue siendo la moneda preferida de los primeros entusiastas y – sobre todo – de aquellos más conservadores. Sin embargo, la verdadera y mayor importancia de Bitcoin ha sido masificar y poner de relieve el conocimiento, experimentación y uso habitual de monedas digitales; además, se han avivado diálogos y discusiones necesarios respecto a los beneficios de otros modelos de economía descentralizados y ejercidos peer to peer o, lo que es igual, sin la necesidad de intermediarios financieros, los cuales – precisamente – motivaron el nacimiento de Bitcoin en el marco de la crisis económica mundial del 2008.

También, Bitcoin ha fungido como una suerte de laboratorio permanente y ha demostrado que no es necesariamente un medio fiable como depósito de valor, debido a su constante volatilidad. Sumado a esto, ha evidenciado poca eficiencia a la hora de utilizarse como medio de pago, pues es lento su procesamiento y requiere de dispositivos o validaciones que riñen con el dinamismo al que se orientan la economía y el comercio de nuestros días.

A pesar de lo anterior, es destacable que algunas marcas líderes como Starbucks, Whole Foods y Nordstrom empezaron hace pocos meses a incorporar el uso de criptomonedas en el giro de sus negocios y ahora aceptan pagos mediante algunas de ellas. Poco a poco, y sin hacerlo oficial, la start-up de pagos Flexa creó una aplicación llamada Spedn, la cual permite a los portadores de Bitcoin, Ether, Gemini, entre otras, realizar pagos en algunos de estos comercios mediante el escaneo de un código QR generado automáticamente al terminal de pagos en la caja registradora.

Por otra parte, las criptomonedas tradicionales que conocemos fundamentan la confianza de los usuarios no en el respaldo de un banco central, sino en el uso y spin que van adquiriendo conforme se masifica entre los usuarios y la aceptación por parte de diferentes organizaciones. Es decir, debido a los valores y características añadidos a cada criptomoneda es que alguien decide adquirir y hacer uso de las mismas pero no precisamente por el apoyo de un Gobierno o entidad centralizada. También, se valora la interacción de muchos participantes que, distribuidos en diferentes lugares, validan cada transacción.

¿Cómo han movido las criptomonedas a nuestro país?

De nuestra experiencia podemos asegurar que existen muchas personas y compañías utilizando y creando diferentes criptomonedas con distintos propósitos. Además, algunas empresas y emprendimientos acostumbran pagar a sus empleados mediante Bitcoin u otras monedas digitales; o bien, cancelar honorarios a sus proveedores. Incluso, algunos de nuestros clientes nos han ofrecido cancelar honorarios en Bitcoin o Ether. El uso se ha masificado al punto que algunos negocios en nuestro país se han cerrado tranzando en Bitcoin, por ejemplo compraventa de terrenos en zonas costeras o mejoras en contratos de directores de empresas.

Desafortunadamente, el ecosistema no está cerrado aún. El sistema financiero nacional no es del todo amigable y los bancos siguen sin familiarizarse con los criptoactivos. Aunque menos que hace dos años, aún se siguen cerrando cuentas en algunos bancos por la liquidación de criptomonedas a cuentas bancarias en fiat.

A pesar de las aplicaciones que facultan utilizar criptomonedas como un medio de pago, desconocemos si están aplicándose en nuestro país. Sin embargo, esta medida arbitraria no ha impedido ni desmotivado a los usuarios de criptomonedas; por el contrario, ha estimulado la creatividad de los entusiastas y asesores para poder utilizar libremente los recursos provenientes de criptomonedas y de exchanges domiciliados fuera de nuestras fronteras.

El Banco Central emitió un comunicado estableciendo que no se prohíbe el uso de criptomonedas, pero básicamente delegan a los usuarios cualquier riesgo que se pudiera derivar de su compra, venta o acumulación. Han pasado dos años y aquella posición se ve lejana y desactualizada. Dada la coyuntura actual, podría valorarse una regulación más proactiva, no solo para promover el desarrollo de nuevas tecnologías financieras, sino también para darle algún grado de protección a los cientos de usuarios que actualmente disponen, reciben y pagan con estos nuevos medios.

Es decir, hoy en día un importante grupo del sector financiero no regulado se encuentra desprotegido y es momento de considerar la necesidad de darles mayor participación.

En la recientemente celebrada III Bienal de Investigación Económica auspiciada por el Banco Central, se pusieron de relieve temas más que relevantes. Parece que la institucionalidad nacional está anuente a promover iniciativas, proyectos y regulaciones que involucren finanzas y tecnología, entre ellas las criptomonedas.

De igual manera, se celebró la alta penetración que ha logrado el país en temas de inclusión financiera gracias al Sistema Nacional de Pagos (Sinpe) y sus diferentes facultades para dinamizar la economía. Además de aplaudir este notable proyecto, sirvió como preámbulo para – prácticamente – desechar la idea de desarrollar internamente una moneda digital criolla y autóctona pues hay voces que consideran al colón básicamente como una moneda digital, emitida de forma convencional y sin estar vinculada a un blockchain, pero que corre principalmente de forma digital – gracias al empuje logrado mediante el Sinpe – y es posible tenerla, disponerla y utilizarla como un medio de pago ágil desde gran cantidad de formatos electrónicos.

Sumado a lo anterior, cada vez se reduce el efectivo que circula en la calle pues los usuarios se han volcado a realizar sus gestiones de dinero utilizando las distintas plataformas digitales que corren vinculadas al Sinpe.

Personalmente, celebro esta posición, fundamentalmente por temas de seguridad y el alto costo de manejar y crear el efectivo (tanto para usuarios individuales como comercios).

Sin embargo, aún después de aclaradas muchas dudas, aún me quedan algunas interrogantes. Primeramente, uno de los objetivos medulares de las criptomonedas es eliminar a los intermediarios y que los usuarios se sientan en libertad de realizar transacciones entre iguales sin necesidad de un agente que evidentemente cobra un peaje importante y, de paso, utiliza nuestros recursos para sus propios beneficios e intereses, al tiempo que obtiene y procesa información y datos personales o corporativos gracias al acceso a nuestros estados de cuenta y movimientos bancarios. Y, posteriormente, podrá utilizar esa información a favor o en contra nuestra.

Aunque nuestra moneda siga un camino a la digitalización, ciertamente deberá estar siempre vinculado a los bancos tradicionales.

Recientemente, tuve el gusto de reunirme con uno de los asesores del banco Ten 31, el cual es un banco perfectamente regulado en Alemania, totalmente amigable con las criptomonedas más reconocidas y que promueve la transparencia en las transacciones de monedas digitales y la masificación en el uso de las mismas en sus clientes. Esto me llevó a una segunda duda, en nuestro sistema bancario nacional, ¿qué pasará con los bancos tradicionales costarricenses que desconocen estas tecnologías o, peor aún, con aquellos que les dan la espalda? Es posible que muy pronto, si analizamos el comportamiento del mercado financiero y el perfil de los usuarios de la nueva generación, el simple respaldo estatal no será suficiente para garantizarles una vida larga a los rezagados bancos nacionales o regionales. Es decir, muy posiblemente se extingan los bancos que conocemos hoy en día.

Mientras vemos que, en otros países se fortalece la tendencia de banca sin oficinas físicas, gracias a robustas y confiables plataformas digitales, en nuestro país nos encontramos aún con bancos que tienen enormes y viejos edificios (que posiblemente muchos años atrás reflejaban un estatus de prosperidad), costosísimas planillas y enormes gastos de operación, algunos de ellos politizados, con directivas ocasionalmente partidarias y sometidos a una estricta regulación lo cual, en la mayoría de los casos, riñe con la tendencia de agilizar, facilitar, democratizar y dinamizar los servicios financieros.

Los bancos deben considerar seriamente abrazar y promover el uso de las criptomonedas en el país y en sus propias plataformas y servicios. A manera de ejemplo, hasta hace poco tiempo, las facilidades provistas por PayPal para transferir recursos de un país a otro utilizando solamente una dirección de correo electrónico, se vieron limitadas en nuestro país debido que - para liquidar los recursos a una cuenta local – únicamente podía realizarse con el Banco Nacional como intermediario. El plazo de demora entre cuentas es tedioso, las comisiones por el servicio altas y excluía a todos aquellos usuarios que no contaban con una cuenta en esta institución. Hoy en día, dos FinTech nacionales, Kipo y Wink (y posiblemente otras que desconozco) cubren el mismo servicio, en un plazo de tiempo menor, con comisiones más amigables y – al menos Kipo – para cualquier persona con una cuenta con vinculación al Sinpe. Es decir, una ventaja regulatoria otorgada en algún momento, se vio rápidamente superada por una iniciativa particular, tecnológica y móvil, a un costo considerablemente menor.

Con bastante seguridad, continuaremos presenciando iniciativas privadas a través de diferentes FinTech, asumiendo roles y facultades anteriormente reservados para la banca tradicional. Los bancos decidirán, por su parte, el papel que deseen llevar a cabo en esta travesía: como participantes activos o espectadores de un nuevo modelo financiero.






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