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Sábado, 15 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Convicciones

| Miércoles 11 abril, 2012




No podemos seguir confundiendo una carrera loca y un poco de acumulación, con inteligencia, talento e integridad de los cuales podamos sentirnos orgullosos

Convicciones

La ausencia de convicciones podría ser uno de los principales factores que llevan a muchos costarricenses a acomodarse en la indiferencia. Desde ahí ven suceder hechos provocados por quienes, presurosos, aprovechan ese letargo para estrategias con intereses particulares, que ni siquiera alcanzan a veces sus propósitos, desarmadas por su propia torpeza.
Es necesario sacudir la modorra. Descubrir, por medio de una renovación vital, el aire puro donde están siempre vivas las mejores convicciones, capaces de alimentar sueños e ideales superiores y de beneficio para la colectividad.
Tenemos el jardín: un país hermoso y acogedor. Tenemos también buena semilla. Solo debemos arrancar la mala hierba, abonar el terreno con inteligencia y sabiduría, sembrar y cuidar el almácigo hasta que comience a desbordarse en ricos y nuevos cultivos que nos darán vitalidad, esperanza y futuro.
Pero para eso tenemos que descubrir que es justamente en esos afanes donde encontraremos felicidad. Que éxito rapidito y dinero fácil solo pueden llevarnos al fracaso como seres humanos, veloz o lento pero siempre fracaso.
Mientras no tengamos buenas y sólidas convicciones, estaremos dando tumbos y dejándonos llevar por el oleaje sin ninguna idea de adonde iremos a encallar y cuál será luego el siguiente empellón que nos lance de nuevo a la borrasca. Y en esas circunstancias, nunca faltarán quienes busquen de mala manera lo que no saben conseguir por otros medios.
No podemos seguir confundiendo una carrera loca y un poco de acumulación, con inteligencia, talento e integridad de los cuales podamos sentirnos orgullosos.
Nosotros, los costarricenses, nos merecemos mucho más que solo ir detrás de esa desequilibrada persecución. Y podemos lograrlo. Solo debemos sacudirnos la modorra que nos mantiene a la deriva y poner rumbo al trabajo honesto y a las decisiones correctas, con la certeza de estar siempre en la senda adecuada y, entonces sí, felices, construyendo el país y la sociedad en la cual queremos vivir.
No se trata de algo complicado. Quien ha descubierto el placer del trabajo bien cumplido, la satisfacción de saber que existe una colectividad que le acompaña en sus convicciones, sin dificultades pone proa a un mejor destino.
Los costarricenses deben buscar en la simiente de sus mejores ideales porque ellos le darán la vitalidad que necesita para construir la nación y la sociedad en la cual se sentirán bien y que heredarán con orgullo y satisfacción.