El consumo de alcohol entre adolescentes costarricenses volvió a encender las alarmas de las autoridades académicas y sociales.
Las cifras más recientes confirman que esta práctica se ubica entre las más elevadas de los últimos 20 años, un comportamiento que evidencia vacíos en la prevención y una creciente exposición de las juventudes a entornos de riesgo.
De acuerdo con datos analizados por la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Libre de Costa Rica (ULICORI), el 23,3 % de la población adolescente reportó haber ingerido alcohol durante el último mes.
Se trata del segundo registro más alto desde 2006, año en que comenzaron las mediciones sistemáticas. El panorama se amplía al observar que un 40,2 % consumió alcohol en el último año y un 60,9 % lo ha hecho al menos una vez en su vida.
Uno de los aspectos que más preocupa a especialistas es la temprana edad de inicio. El primer contacto con bebidas alcohólicas ocurre, en promedio, a los 12,8 años, una etapa crítica del desarrollo físico y emocional.
Para Paulina Molina, directora de la Escuela de Trabajo Social de ULICORI, las cifras no deben interpretarse como fallas individuales. A su criterio, los datos reflejan una responsabilidad compartida y evidencian la necesidad de que familias, centros educativos, comunidades e instituciones asuman un rol activo en la construcción de entornos protectores.
El contexto social en el que crecen las nuevas generaciones también influye en estas conductas. Las juventudes actuales se desarrollan en medio de una intensa digitalización, cambios culturales acelerados y problemáticas estructurales como la desigualdad, la pobreza, la deserción educativa, el desempleo y la precariedad laboral. A ello se suma la pérdida o estigmatización de espacios comunitarios tradicionales.
En ese sentido, ULICORI plantea la necesidad de acciones sostenidas que incluyan educación preventiva con lenguaje cercano.
“Invertir en espacios seguros y en diálogo abierto con las juventudes es una apuesta directa por el futuro del país”, concluyó Molina, al señalar que cada acción preventiva fortalece el tejido social y contribuye a un desarrollo integral de las nuevas generaciones.





































