Ciberseguridad: ¿lujo o necesidad para las pymes?
Las pequeñas y medianas empresas enfrentan un entorno digital más complejo, donde la protección se vuelve estratégica
La ciberseguridad se ha consolidado como un componente esencial dentro de la estrategia empresarial, lo que puede incluir a las pequeñas y medianas empresas (pymes), en un entorno marcado por la acelerada transformación digital y la creciente exposición a riesgos tecnológicos.
“Somos una de las empresas que los apoya en la supervisión, protección y gestión de sus entornos. En esto es en lo que nos hemos especializado y así es como hemos brindado nuestro acompañamiento. Hoy en día, la ciberseguridad ya no es un tema aislado dentro del departamento de TI, ya que cualquier amenaza, incluso pequeña, puede tener un impacto significativo e incluso comprometer por completo la reputación de una marca, lo cual resulta crítico para las organizaciones”, señaló Subin George, director regional de Negocios para LATAM e Iberia de Manage Engine.
En Costa Rica y la región, el reto ya no radica únicamente en adoptar nuevas herramientas, sino en integrarlas de forma segura desde las primeras etapas de desarrollo, especialmente en compañías que operan en ecosistemas tecnológicos.
“Cuando surge una idea y se comienza a implementar una tecnología para hacerla realidad, ya sea mediante software, hardware o cualquier otro recurso, es fundamental incorporar la ciberseguridad desde el inicio. Es decir, la protección aplica para empresas de cualquier tamaño, siempre que la asuman como una prioridad dentro de su estrategia”, indicó Wilson Calderón, director técnico asociado para LATAM de Manage Engine.
En paralelo, la inteligencia artificial se posiciona como un eje transversal en las operaciones empresariales.
Para 2026, se proyecta que esta funcione como un tejido conectivo entre las áreas de negocio y tecnología, facilitando la automatización de procesos y la toma de decisiones.
Las pymes, que representan una parte significativa del motor económico, enfrentan amenazas cada vez más sofisticadas.
“Durante el primer semestre del año pasado se registraron 29,1 millones de intentos de ciberataques en Costa Rica. De hecho, los ataques de ransomware han crecido hasta en un 800%. En el entorno pyme, los ataques más frecuentes suelen ser también los más comunes y sencillos. El phishing es el más habitual y, en muchos casos, viene acompañado de variantes más sofisticadas como el vishing, donde se emplean tecnologías como el deepfake y la inteligencia artificial al servicio de los delincuentes”, comentó Calderón.
En esta línea, el enfoque de la ciberseguridad ha evolucionado. Modelos como la detección y respuesta extendida (XDR), las arquitecturas de malla de ciberseguridad (CSMA) y los esquemas de Zero Trust están desplazando las estrategias tradicionales basadas únicamente en la protección perimetral.
A pesar de estos riesgos, el país muestra avances relevantes. Costa Rica lidera la adopción de inteligencia artificial en la región, con entre un 25% y un 26% de la fuerza laboral interactuando con estas tecnologías en 2025, según datos de Microsoft.
No obstante, América Latina aún enfrenta una brecha significativa: aunque representa el 6,6% del PIB mundial y el 8,8% de la población, apenas concentra el 1,12% de la inversión global en inteligencia artificial.
En este escenario, la gestión eficiente de los recursos tecnológicos cobra mayor relevancia.
“En Latinoamérica, la mayor parte de la economía de cada país está impulsada por las pequeñas y medianas empresas. Estas organizaciones sostienen el dinamismo económico; sin embargo, en muchos casos no priorizan la inversión en herramientas que fortalezcan su seguridad. No obstante, la ciberseguridad ya no debe verse como un gasto, sino como un componente del negocio. Cuando las pymes comprenden esto e integran la ciberseguridad en la toma de decisiones, se convierte en un verdadero diferenciador competitivo”, añadió Calderón.
Así, la ciberseguridad deja de ser percibida como un lujo y se consolida como una necesidad operativa, cuya integración no solo protege a las organizaciones, sino que también impulsa su adaptación en un entorno digital cada vez más exigente.