Alberto Cañas

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Sábado 24 Enero, 2009

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

No sé si Centroamérica (o el mundo entero) habrá presenciado alguna vez una inmoralidad política tan repugnante como la que viene ocurriendo en Nicaragua, donde a un expresidente condenado por corrupto le perdonan la pena mientras disfruta de su alianza con un presidente inepto y charlatán que por segunda vez y en mangas de camisa, está irrespetando los principios que decía sustentar cuando todavía no era gobernante y aún era guerrillero.

¿Cómo es posible que un pueblo noble e inteligente como es el de Nicaragua, lleve ya casi 190 años de independencia sin conseguir un gobierno que lo saque adelante, lo eduque debidamente y lo haga prosperar? Tiranos, sinvergüenzas y charlatanes se suceden en el gobierno, y con la excepción de doña Violeta Barrios, que encontró demasiados obstáculos políticos en su intento de hacer algo, lo demás ha sido o dictadura o demagogia.

El analfabetismo sigue rampante, la educación fallando, el sentido cívico ausente de las decisiones, y el fraude electoral en su apogeo. Y un charlatán (empleo gustoso la palabra hoy por tercera vez) haciendo torerías desde la Casa Presidencial día y noche. No hay derecho.

Vean ustedes cómo, a duras penas y haciendo esfuerzos, los otros países de la vieja Federación centroamericana progresan, van caminando, tratan de dejar atrás el pasado de dictaduras y de ponerse al día con el mundo. Pero en Nicaragua no ocurre nada positivo.

Muchos creímos que, desaparecida la dinastía de los Somoza, Nicaragua comenzaría a avanzar, a prosperar, a vivir democráticamente, a gozar de gobiernos honorables y progresistas que efectivamente significaran adelanto y desarrollo. Pero han pasado treinta años desde que la dinastía fue liquidada, y de todos los males que Nicaragua sufría, el único que desapareció fue la dinastía, aunque adictos a ella hayan seguido prosperando protegidos por los que todavía se hacen llamar sandinistas.

No sólo Centroamérica. Toda la América Latina va prosperando. Toda la América del Sur está actualmente gobernada por presidentes producto de elecciones democráticas, aunque siempre hay algunos (el anacrónico y demagógico Chávez y los inexplicables o inentendibles Correa y Morales) que no calzan bien dentro del futuro que se vislumbra. Pero la situación sudamericana no es ya lo espantosa que era hace treinta años, y muchos de los asesinos gubernamentales descuentan condenas por su participación en el genocidio.

Pero Nicaragua sigue en la retaguardia. Dichosamente nuestra otra entrañable e inmediata, Panamá, marcha orgullosa hacia adelante como auténtica tierra de esperanza y para los costarricenses, de alianza espiritual y fraternidad permanentes.

Pero todavía no se acaban los payasos en esta región del mundo.


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