Alberto Cañas

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Miércoles 21 Enero, 2009

Chisporroteos

Alberto Cañas

No hay duda de que el día de ayer, 20 de enero de 2009, será una fecha importante en la historia de la humanidad. No haré perder el tiempo a mis lectores hablando de cosa tan sabida como la trascendencia que tiene la juramentación de Barack Obama como el primer presidente negro de los Estados Unidos. Pero el significado que esto tiene augura una buena, una nueva época para la humanidad. El principal país del mundo se democratiza política y socialmente librándose de prejuicios, y se enfrenta a una difícil situación económica de la que en buena parte es culpable el fanatismo ideológico de ala derecha de que han venido haciendo alarde sus gobiernos republicanos desde 1983. Barack Obama es claramente un cambio, Adam Smith y David Ricardo cederán sus puestos de inspiradores a John Maynard Keynes y John Kenneth Galbraith, el primero de los cuales, Keynes, concibió y enunció las ideas con que Cleto González Víquez aquí y Franklin Roosevelt en Washington, atacaron la depresión de 1930; y Galbraith fue el inspirador de las claras políticas económicas y sociales de John Kennedy y Lyndon Johnson allá, y José Figueres aquí.

Cambio de tema para expresar la enorme satisfacción que siento de haber sido parte (aunque los colegas de Extra me la nieguen) del jurado que otorgó el Premio Magón de 2008 a ese gran artista y notable ciudadano que es Felo García. Creo firmemente que lo que se ha hecho es pagar una deuda que el país tiene con él desde hace años. El fallo destaca su gigantesca labor de artista, su memorable paso por la función pública y recuerda que fue hace medio siglo una de las figuras estelares de nuestro futbol.

La prensa no lo recogió, pero esta columna se complace en referirse a un aspecto de Felo García que el fallo no menciona, pero que la Ministra de Cultura María Elena Carballo destacó en su acertado discurso, y es que en el período 1963-1966 en que fue Director de Artes y Letras, Felo García se empeñó, y lo logró, en que los entes estatales adquirieran obras de arte costarricenses, creando así lo que ella llamó el “coleccionismo” estatal, al cual siguió, en corto plazo, el coleccionismo particular, y desde entonces nuestros artistas dejaron de ser parias y encontraron manera de vivir de su arte. Surgieron las galerías y en las exposiciones comenzaron los cuadros a ser adquiridos. Esto hay que agregarlo a las razones que dimos los del jurado en nuestro fallo.

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