Alberto Cañas

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Sábado 17 Enero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto Cañas

Como no todas han de ser de cal, y siempre habrá una de arena, algo nos devuelve el ánimo y la fe, y es el tranquilo heroísmo de Chesley Sullenberg, el piloto del avión que cayó el jueves en el río Hudson. Logró acuatizar, dar aviso de lo que sucedía, vigilar la evacuación de las personas que con él había en la nave, mientras ella se iba hundiendo, y todavía, cuando solo quedó él dentro, revisarla para asegurarse de que era así.

Ni un muerto, ni un damnificado. Pasajeros y tripulación a salvo: 155 personas. Y un héroe más para la aviación de un país donde en los dos últimos años no se ha registrado una sola muerte por accidente aéreo.



Mientras tanto, suceden otras cosas que deben complacernos y es que dos personajes políticos que se vislumbran en la elección del año entrante: Laura Chinchilla y Ottón Solís con su esposa, han sido invitados a presenciar la juramentación de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos. Estas invitaciones provienen del Senado. Los senadores son los únicos que pueden expedirlas.

Me gustaría saber si esos nuevos tratados de libre comercio que se dice vamos a celebrar, los negociará un equipo multipartidista con inclusión de empresarios no sólo exportadores, sindicalistas y cooperativistas, o, como sucedió con el de Estados Unidos, un grupo compuesto por empleados del gobierno de Miguel Angel Rodríguez, con el polémico resultado que tal cosa tuvo.

La Asamblea Legislativa está tramitando con seriedad el proyecto del Ejecutivo para financiar los gastos de emergencia causados por el terremoto. Es de felicitarla porque lo está haciendo sin caer en precipitaciones y velocidades como la del trámite del negocio con Finlandia, que ya sabemos las consecuencias que tuvo. “Despacio, que tengo prisa”, es lo más importante que se puede decir en este caso.

Y francamente, es muy triste que un gobierno que ya ha adquirido fama de pedigüeño y que le sacó plata a Taiwan cuando ya había decidido romper relaciones, ahora salga a quejarse de que los otros países no estén ayudando como ese gobierno querría, en la emergencia actual. Agradecer la ayuda que venga es lo decente. Reclamar por la que no viene no es de estadistas ni de personas educadas. Conclusión: es más lo que en este país se nos ha olvidado, que lo que teníamos por aprender.

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