Juan Carlos Pérez

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Sábado 27 Octubre, 2007

China: más que una moda

Juan Carlos Pérez

La República Popular de China llegó para quedarse. Así que ya no se trata de una moda. Ese gigante asiático de 9.571.300 km2, donde habitan más de 1.300 millones de personas ha comenzado a preocupar en serio a todo el mundo. Y esto no es para menos, ya que consume cerca del 9% del petróleo mundial, el 31% del carbón, el 25% del aluminio, el 27% del acero y el 40% del cemento.
Si a lo anterior le sumamos un crecimiento económico superior al 9% del PIB y una inversión extranjera directa que sobrepasa los US$60 mil millones anuales, fruto de la estrategia orientada a ofertar una mano de obra abundante y de bajo costo, resulta más que justificable la atención provocada por tal fenómeno, especialmente, después del descalabro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética a finales de la década de 1980, y del aislamiento que soportó China durante los 30 años que siguieron al triunfo de la revolución comunista de 1949, que fuera encabezada por el legendario Mao Tse-tung.
Por otra parte, no dejan de sorprender las inversiones impresionantes en capital físico, llámese modernización de la infraestructura portuaria, carreteras, aeropuertos, plantas generadoras de energía, grandes ciudades y toda clase de servicios que dicho proceso conlleva, dentro del marco de un modelo económico que algunos definen como “economía de mercado socialista”. En esta óptica el Estado es el rector del desarrollo, definiendo el norte mediante una estructura institucional fuertemente centralizada y de corte político-autoritario, que está muy lejos de la clásica prédica sobre la complementariedad que debe existir entre economía de mercado y democracia liberal.
Sin embargo, no todo es color de rosa para este gigante de la economía mundial, ya que tiene ante sí un inmenso conjunto de desafíos que solo con el tiempo sabremos si será capaz de superar. El principal es la generación de suficiente empleo para una inmensa masa poblacional proveniente del campo, que cada día se concentra en aquellas ciudades donde se ubican los centros industriales más vigorosos. Curiosamente, este proceso que fue una de las encrucijadas humanas más difíciles de mitigar durante la revolución industrial del siglo XVIII, se cierne como el reto más grande de las autoridades chinas. A ello se unen los conocidos límites al crecimiento económico derivados del medio ambiente y, la siempre presente temática asociada con la distribución de la riqueza. Materia que fue abordada, la semana pasada, en el último Congreso del Partido Comunista Chino.
Dicen que nadie experimenta por cabeza ajena, pero sin duda estamos frente a una de las lecciones más interesantes de la historia reciente en temática de desarrollo económico, y esta, al igual que el ejemplo de la India en lo relacionado con el factor capital humano, entendido como un recurso de alto nivel técnico, profesional y científico, nos está enseñando nuevos caminos a seguir en la eterna lucha por construir un horizonte más prometedor para un país como Costa Rica.

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