Jose Luis Arce

Jose Luis Arce

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Jueves 28 Enero, 2016

Cambios en la estructura productiva

La publicación reciente por parte del Banco Central de Costa Rica de los primeros avances del proyecto de actualización de las cuentas nacionales —es decir, el conjunto de estadísticas acerca de la producción, el gasto y el ingreso del país— permite constatar, con datos duros, una realidad que intuíamos a lo largo de los últimos años.
A diferencia de la revisión de estas estadísticas a inicios de la década pasada que sorprendió por el grado de subvaloración de la producción nacional, en esta ocasión, el cambio más impresionante y revelador es la modificación de la estructura productiva.
La disminución en el peso relativo de la agricultura es algo, si se quiere, natural; producto de la modernización de la economía y del proceso de urbanización del país. Este cambio no debería interpretarse de manera negativa —supongo que algunos discursos políticos que añoran lo bucólico así lo harán— pues más bien es interesante constatar que aunque su peso relativo es menor, la composición de la producción primaria ha sufrido transformaciones, particularmente en la dirección de mayor productividad, vinculación hacia el mercado externo y creación de cadenas de valor, como lo muestra la importancia de la agroindustria en el sector manufacturero.

También en las manufacturas hay cambios que van más allá de la pérdida de participación relativa en la producción total. El más relevante es el tránsito de una producción industrial concentrada en manufacturas livianas y procesamiento de materias primas dirigidas hacia el mercado centroamericano a un sector vinculado a un mercado externo más amplio y orientado a productos con mayor contenido tecnológico y valor agregado, como por ejemplo, suministros e instrumentos médicos y componentes electrónicos.
Pero sin lugar a dudas, la transformación más impresionante es la creciente importancia relativa de los servicios. En las cuentas nacionales con año base 1966, los servicios (excluido el comercio) representaban el 10% de la producción, ese porcentaje aumentó al 28% en la serie con año base 1991 y a un 40% en la divulgada esta semana.
Este crecimiento vertiginoso es producto de dos tendencias de largo plazo. Por una parte, el crecimiento del ingreso de los hogares en las últimas décadas condujo, como es natural, a un mayor consumo de servicios como telecomunicaciones, educación, salud, servicios inmobiliarios y de recreación.
Pero también los servicios de naturaleza empresarial mostraron un crecimiento acelerado en las últimas décadas, producto de los cambios en la estructura de organización de las empresas nacionales y extranjeras, que han creado espacios para que servicios que antes se producían al interior de las firmas ahora sean adquiridos fuera de ellas.
Paralelamente, la internacionalización de las compañías y el desarrollo de las telecomunicaciones y la informática permitieron que no solo se pudiesen subcontratar estas actividades a otras empresas, sino que además, pudiesen ser producidas en otros países o territorios.
En síntesis, las modificaciones en la estructura productiva que las estadísticas nos muestran con retraso, no deben más que recordarnos las profundas fuerzas de cambio que han movido esta economía en la dirección de una mayor integración con el resto del mundo, un uso más intenso del conocimiento y la tecnología y, especialmente, la necesidad de mantenerse competitivos con el fin de generar valor en un entorno mundial retador.
 

José Luis Arce