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Martes, 13 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Cambio climático y zona atlántica

Rodolfo Piza | Miércoles 01 julio, 2015


El tema central es desarrollar la capacidad para prevenir, mitigar y compensar los efectos del clima sobre nuestros compatriotas y nuestros campos

Cambio climático y zona atlántica

Más allá del debate técnico e ideológico sobre las causas y las soluciones, los datos de los últimos años revelan que el cambio climático viene manifestándose en forma de eventos meteorológicos (tormentas, huracanes), hidrológicos (inundaciones, avalanchas, deslizamientos de tierras), y climatológicos (temperaturas extremas, sequías, fuegos forestales).
De hecho, un estudio publicado en días pasados por la Comisión Lancet sobre Salud y Cambio Climático (OMS y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático —ver The Economist, 27 de junio, 2015), nos recuerda que si en los años ochenta del siglo pasado se registraban unos 300 eventos anuales en promedio a nivel mundial, en los últimos cinco años el promedio supera los 800 eventos de esa naturaleza.
En Costa Rica y en los países del trópico húmedo, aunque no seamos los causantes principales (ni mucho menos) del cambio climático, somos de los principales afectados por sus efectos en forma de huracanes, tormentas, deslizamientos, avalanchas, inundaciones, sequías, etc.
Por ello, a la par de nuestro compromiso con ser un país carbono neutral en el futuro, el tema central es desarrollar la capacidad para prevenir, mitigar y compensar los efectos del clima sobre nuestros compatriotas y sobre nuestros campos. Ello implica revisar y fortalecer los mecanismos de atención de emergencias (desde la Comisión de Emergencias hasta la Cruz Roja, desde las escuelas hasta los hospitales).
Debemos ampliar la capacitación a nuestras poblaciones más vulnerables, los mecanismos locales de prevención y atención de emergencias, así como también los equipos y suministros necesarios para paliar los efectos de las mismas. La rehabilitación de emergencia de las vías de comunicación, los vehículos y el acceso a los sitios afectados. Preparar mejor los centros de atención de salud (hospitales de campaña incluidos) y los refugios previamente mapeados y los mecanismos para ponerlos en funcionamiento.
Lo que en el pasado pudo ser una organización marginal para atención de emergencias, debe fortalecerse institucional, técnica y presupuestariamente.
La zona atlántica de nuestro país enfrenta hoy, nuevamente, los embates de la naturaleza, dejando pueblos incomunicados, familias sin viviendas, infraestructuras destrozadas, miles de desplazados y los efectos pendientes relativos a la salud y las condiciones de vida de nuestros vecinos en Limón, Siquirres, Matina, Talamanca, Pococí, Guácimo, Sarapiquí, Turrialba y otros pueblos impactados directamente.
El sufrimiento de nuestros compatriotas nos obliga a ser solidarios, a dejar las discrepancias a un lado y trabajar juntos, todos los sectores y grupos económicos, sociales y políticos, para apoyarlos decididamente. Apoyar los ajustes presupuestarios y los procedimientos adecuados para atender la emergencia. El Ejecutivo tiene la competencia para ello, actuando conjuntamente con la Asamblea Legislativa y la Contraloría General de la República.
Ver a algunos diputados, Presidente y autoridades del Ejecutivo, entidades y organizaciones privadas y de la sociedad civil, ponerse las botas y presentarse en los sitios afectados para coordinar acciones y apoyar a los damnificados, merece nuestro apoyo.
Pero vamos a necesitar algo más: una estrategia de largo aliento para prevenir mejor, mitigar mejor, coordinar mejor, apoyar mejor.

Rodolfo E. Piza Rocafort