Jose Luis Arce

Jose Luis Arce

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Jueves 31 Diciembre, 2015

 Fue la actuación del Banco Central comprando el exceso de oferta de divisas lo que impidió que la cotización del dólar estadounidense bajara aún más

Balance Macroeconómico 2015: Estabilidad con mayores vulnerabilidades

En lo macroeconómico el año que termina arroja un balance peculiar: acentuada estabilidad en un contexto de vulnerabilidades crecientes.
Los precios al consumidor registraron una caída durante el año, explicada en su totalidad por la acentuada baja de las cotizaciones de las materias primas en los mercados internacionales. No se trató de un fenómeno deflacionario en el sentido convencional, pues impulsados por el aumento del ingreso real producto de la mejora en los términos de intercambio, la demanda interna y especialmente el consumo de los hogares evidenciaron mayor dinamismo.
Los tipos de interés también mostraron una tendencia a la baja a lo largo del año. El acceso al financiamiento externo por parte del Gobierno y del sistema bancario jugaron un papel fundamental a la hora de explicar la aparente paradoja de un déficit fiscal creciente que no estrujó al sector privado.
El mercado cambiario, por su parte, mostró durante todo 2015 presiones para que el colón se apreciara, incluso en términos nominales. Fue la actuación del Banco Central comprando el exceso de oferta de divisas lo que impidió que la cotización del dólar estadounidense bajara aún más. ¿Cuáles son los factores detrás de este comportamiento? Nuevamente la baja en los precios de las materias primas en los mercados internacionales que redujo la demanda de divisas por importaciones —solo la factura petrolera cayó en 2015 cerca de US$900 millones— y el financiamiento externo público y privado, pues estos recursos obtenidos en el exterior terminaron en una alta proporción convertidos a colones.
La autoridad monetaria actuó bien tratando de evitar que la cotización del dólar cayera aún más —quizás incluso pudo intentar propiciar una depreciación moderada, con el fin de evitar la masiva pérdida de competitividad provocada por la caída en las monedas de importantes socios comerciales— pero pecó reiteradamente tratando de reducir la volatilidad cambiaria, lo que terminó alimentando el incentivo para una dolarización del crédito bancario.
Tristemente, pese a los resultados favorables en cuanto a estabilidad macroeconómica, la economía costarricense es hoy mucho más vulnerable que en el pasado. Lejos de corregirse, el déficit fiscal es mayor, la deuda gubernamental y el endeudamiento externo del sector público y de la banca se han prácticamente duplicado desde 2007. En tanto que, la apreciación real producto del masivo endeudamiento externo ha afectado seriamente la competitividad de buena parte del sector productivo, uno de los factores que han llevado a un magro crecimiento económico, acompañado de un deterioro del mercado de trabajo.
La miopía del Gobierno, de los partidos de oposición y de los grupos de interés en torno a la necesidad del ajuste en las finanzas gubernamentales ha consumido un tiempo valioso para la toma de decisiones en materia tributaria y de gasto público. Además, ha conducido a que se desperdiciara buena parte de la ventana de oportunidad que nos regaló la economía internacional —baja en precios del petróleo, mejora en términos de intercambio, crecimiento sostenido en Estados Unidos y acceso abundante y barato al financiamiento externo— para poder actuar responsablemente.
Algunas de las condiciones externas que generaron la baja inflación, el espacio para que pese al déficit fiscal las tipos de interés bajaran y la estabilidad cambiaria han empezado a cambiar y lo harán más en los próximos meses, dejando al descubierto nuestros pecados de acción y de omisión.

José Luis Arce