Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 20 Noviembre, 2017

Baja participación de las mujeres en el mercado laboral

En Costa Rica al igual que en Latinoamérica, el crecimiento de la producción se viene dando más por el aumento de la cantidad de trabajadores y de capital que por el incremento en la productividad. Esto limita el aumento de la producción y del ingreso a los trabajadores.

En nuestro caso estas limitaciones se agravan porque el ahorro generado nacionalmente es bajo y, además, en esta segunda década del siglo XXI el crecimiento de la población económicamente activa (PEA) es muy, muy pequeño.

Una causa de la baja PEA es la reducida participación de las mujeres en la fuerza laboral pagada, que en la no remunerada bien sabemos es inmensa.

La encuesta continua de empleo del tercer trimestre de este año confirma el aumento de la PEA que se ha dado desde el primer trimestre de 2017. Esa es una buena noticia, pues de 2011 a 2016 sufrimos una contracción de la fuerza laboral. En ese periodo la PEA y la cantidad de personas ocupadas crecieron menos que la población de más de 15 años, e incluso menos que la población de 25 a 60 años. Es más, el total ocupado en 2016 era en números absolutos menor al de todos los años desde 2011.

A pesar de esta buena noticia del tercer trimestre, la cantidad total empleada en este periodo es apenas de unas 30 mil personas más que las empleadas en 2014 y 2015, la tasa de desempleo permanece en los muy altos niveles de esta década (9,4%) y el crecimiento se da principalmente en el empleo informal (de 2011 a 2017 la tasa promedio anual de crecimiento de la ocupación total es del 2% mientras la de empleos informales es de un 5%)

La PEA femenina ha venido creciendo, pero no lo suficiente. Crece principalmente entre las mujeres más jóvenes. El crecimiento fue mayor en la última década del siglo pasado y en los últimos años más bien la PEA femenina disminuye, pero ligeramente menos que la disminución de la PEA masculina.

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En América Latina y el Caribe (LAC) la tasa de participación laboral en la población activa (i.e. la PEA en relación con la población de 15 años y más) es de 60%, lo que la hace baja respecto a los países desarrollados e incluso con relación al promedio mundial (62%). En nuestro país es aún más baja. Y tenemos también una menor participación de las mujeres en la PEA que en LAC. La participación femenina entre nosotros es solo de un 61% de la masculina, lo que se compara con un 68% para América Latina.

Esta circunstancia no solo limita el tamaño de nuestro PIB (que ciertamente no mide como debiera el trabajo no remunerado de las mujeres) sino que además limita la independencia económica de las mujeres.

Aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral formal permitiría aumentar la producción, reducir la pobreza que tiene rostro de mujer y la desigualdad que entre nosotros ha venido creciendo.

Esta es una tarea a la que deberían prestar especial atención la Ministra de la Condición de la Mujer y el Ministro de Trabajo. También los grupos de estudio de los partidos políticos que preparan sus programas con vista a las próximas elecciones.

El “cementazo” obliga a los partidos políticos a presentar métodos concretos para combatir la corrupción. Pero sus propuestas serias a los electores deben además presentar instrumentos para superar graves problemas como el desempleo, la pobreza, la inseguridad ciudadana y la carencia de infraestructura.