Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 15 Julio, 2011


Arte y compromiso


El abominable crimen perpetrado recientemente en Ciudad de Guatemala, en el que pereció baleado el conocido cantautor Facundo Cabral, argentino de nacimiento pero ciudadano del mundo, ha puesto de manifiesto de manera desgarradora hasta qué punto el artista suele pagar con su vida la lealtad a sus principios. Quienes, por razones ideológicas, han despotricado por décadas en contra del arte comprometido y no solo contra los artistas - deben ahora guardar respetuoso silencio ante esos hombres y mujeres que han cultivado la creatividad artística para difundir una concepción de vida que implica un cambio de valores en la vida de los pueblos y no solo de los individuos.
El asunto es de tal actualidad que en Costa Rica se han dado casi simultáneamente y en estos días, varias actividades culturales de las que los medios se han ocupado profusamente y que tienen de común, si bien con diversos enfoques, el hecho de que el tema y no solo sus autores expresan un arte comprometido. Las obras más significativas de una época y de una sociedad siempre han sido el reflejo de los grandes conflictos sociales, políticos y culturales de su tiempo, lo cual ha significado la lucha, el sufrimiento personal e, incluso, el exilio y la muerte de sus principales y más eximios representantes. Los mencionaré brevemente porque de cada uno en particular espero referirme en concreto en otros artículos.
Para honrar la memoria de Yolanda Oreamuno, una mujer que, por su belleza, inteligencia e indomable voluntad de independencia se convirtió en una leyenda ya en vida, el escritor Sergio Ramírez acaba de publicar su biografía novelada titulada LA FUGITIVA. Yolanda fue una mujer comprometida que desde su adolescencia enfrentó a una sociedad prejuiciada, aldeana y mezquina. El otro evento cultural fue la presentación en el Teatro de La Aduana y por primera vez en el país, de la impactante obra teatral MADRE CORAJE de Bertold Brecht, uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX. Brecht fue un comunista que vivió en la Alemana nazi. El repudio a la violencia armada, que enfatiza la directora Eugenia Chaverri en esta puesta en escena, es de una actualidad apremiante, no solo en Guatemala, sino en toda la región y en el mundo árabe.
Más recientemente los medios de comunicación del mundo entero se han hecho eco del brutal crimen de Facundo Cabral. Este conocido cantautor fue un humanista de la canción; su vida y sus obras fueron evolucionando con los años hacia una visión mística inspirada en una profunda reflexión filosófica en torno a esos valores fundamentales de la existencia que son su razón de ser y sin los cuales la palabra HUMANO carece de sentido. Murió acribillado a balazos en las calles de una Guatemala donde, desde hace décadas, hechos como ese suceden cada día, múltiples veces y en todas partes, al igual que en otros países de Nuestra América. La palabra “democracia” en esos países suena a hipocresía, pues una sociedad donde la vida no vale nada, no merece ese calificativo.
Por eso espero que la muerte de Cabral no haya sido en vano. Un signo de lo dicho es que se ha suscitado un clamor universal, no solo de repudio a tan espernible hecho, sino también de repudio a la violencia y a sus causas estructurales en esos países y, de manera particular, en Guatemala donde las oligarquías criollas y su brazo armado, el ejército y los cuerpos de policía, lo mismo que los carteles del narcotráfico, ahora con frecuencia unidos, han llevado a la miseria y a la opresión por siglos a las grandes masas especialmente indígenas. Que su sangre ayude a que los hombres y mujeres de buena voluntad de esos países, apoyados por la solidaridad mundial, haga posible que esos hermanos pueblos encuentren el sendero de la justicia social y de la paz.

Arnoldo Mora